EL CRISTIANO, EL GOBIERNO Y EL MIEDO – 2ª parte

Las autoridades están al servicio de Dios para tu bien; pero si estás haciendo algo malo, por supuesto que deberías tener miedo, porque ellas tienen poder para castigarte. Están al servicio de Dios para cumplir el propósito específico de castigar a los que hacen lo malo. Romanos 13:4, NTV.

La palabra  griega para describir a los gobernantes  es diákonos,  de donde deriva el término»diácono», que significa servidor (1 Timoteo 3:8,12). El propósito del gobierno es servir a la comunidad  que lo eligió, ser un representante de Dios para ella. Pablo describe a los gobernantes como agentes que promueven el bien cívico y colectivo y mantienen  el orden; a ellos es fácil obedecer.

¿Qué ocurre  cuando  el gobierno  se vuelve tirano,  cuando  los que deberían  defenderte te atacan y violan  tus derechos, cuando  usan  el miedo  y la represalia para mantenerte sometida? Tales actitudes no inspiran  obediencia. Sin  embargo,  como  cristiana estás llamada  a obedecer  las leyes de tu  país aunque  parezcan injustas. Dios no ha renunciado  a su derecho  de controlar los gobiernos  del mundo.  Clama  por misericordia  para los países que están bajo dictaduras. No  te enredes en la política, pero tampoco te cruces de brazos cuando  ves que la soberanía  de tu país desaparece. Ora, ayuna,  educa y sensibiliza a tus amigos y familiares.

Pablo vivió bajo el más perverso  de los soberanos,  Nerón; sin embargo, apeló  a la protección de la ley, aunque  sabía que no siempre se cumplía  y a menudo no  era justa.  Conocía sus derechos  y reclamaba  su cumplimiento. Se mantuvo como  un ciudadano íntegro, apegado  a las leyes constitucionales, pero  cuando  estaba en desacuerdo,  manifestó su punto de vista cortés y respetuosamente.

Es muy difícil decir que hay que obedecer a un gobierno corrupto. Sin embargo, Pablo dejó claro que el cristianismo no es un movimiento para cambiar gobiernos. Nuestra  obligación es predicar el evangelio y orar por los individuos que ocupan  las posiciones de poder, aun cuando fracasen en su objetivo de proteger a los ciudadanos y ser servidores de Dios para impartir el bien y la justicia. «Como pueblo, no debemos mezclarnos con asuntos políticos. Todos deberían obedecer a la Palabra de Dios cuando dice que no debemos unirnos en yugo con los infieles en cuestiones de política, ni establecer ninguna clase de vínculo con ellos. No hay un terreno seguro en el cual puedan  trabajar juntos. Los leales y los desleales no tienen un terreno adecuado donde encontrarse» (2MS, pp. 387, 388).

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Lecturas Devocionales para Damas 2023
“HIJA MÍA, ¡NO TENGAS MIEDO!”
Por: ARSENIA FERNÁNDEZ-UCKELE
Colaboradores: Gabriela Torres & Adriana Jiménez

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