
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 12:49-53; Deuteronomio 21:15; 1 Corintios 9:24-27; Mateo 18:8, 9; Juan 14:1-3; Hebreos 11:32-12:4.
PARA MEMORIZAR:
“Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación” (2 Cor. 1:7).
A LO LARGO DE LA HISTORIA, millones de personas voluntariamente sacrificaron su vida por Cristo. Fueron encarceladas, torturadas, aun ejecutadas. Millones renunciaron a sus empleos, sufrieron el ridículo, soportaron que su familia los expulsaran y perseveraron a través de persecuciones religiosas, pero no renunciaron a Cristo. Solo Dios conoce el sufrimiento que sus fieles soportaron.
Por supuesto, Pablo advirtió de antemano: “También todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Tim. 3:12). Y Pedro afirmó: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 Ped. 2:21).
A pesar de las promesas de los así llamados “predicadores de prosperidad”, los automóviles de lujo y las ganancias económicas no son bendiciones automáticas otorgadas a los creyentes.
Al final, estamos seguros de que, cualquiera que sea el costo del discipulado, si consideramos la recompensa definitiva, ese costo es muy bajo.
Lección de Escuela Sabática Adventista
1er trimestre 2014 “El Discipulado”
Lecc. 13 El costo del discipulado
