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Lección E. Sabática 2017

EL CONFLICTO DEL CRISTIANO.

 

“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gál. 5:17; ver también Rom. 7:14-24 ( CB ) ). ¿Cómo has experimentado, en tu propia vida como creyente, la dura y dolorosa realidad de estas palabras?
La lucha que Pablo describe no es la lucha de todo ser humano; se refiere específicamente a la lucha interna que existe en el cristiano. Debido a que los seres humanos nacen en armonía con los deseos de la carne (Rom. 8:7), es solamente cuando nacemos de nuevo por el Espíritu que un verdadero conflicto espiritual comienza a emerger (Juan 3:6).

Esto no significa que los no cristianos nunca experimentan conflictos morales; por cierto que los experimentan. Pero, aun ese conflicto en última instancia es resultado del Espíritu. La lucha del cristiano, sin embargo, toma una nueva dimensión, porque el creyente posee dos naturalezas que están en guerra la una con la otra: la carne y el Espíritu.
A lo largo de la historia, los cristianos han anhelado aliviarse de esta lucha. Algunos han buscado ponerle fin al conflicto al retraerse de la sociedad, mientras que otros han afirmado que la naturaleza pecaminosa puede ser erradicada por algún acto divino de gracia.

Ambos intentos son desacertados. Aunque por el poder del Espíritu ciertamente podemos subyugar los deseos de la carne, el conflicto continuará de varias maneras hasta que recibamos un nuevo cuerpo en la Segunda Venida. Huir de la sociedad no ayuda, porque, no importa adónde vayamos, llevamos la lucha con nosotros, y lo haremos hasta la muerte o la Segunda Venida.
Cuando Pablo escribe en Romanos 7 ( CB ) acerca del conflicto interno en los cristianos, que impide que hagan lo que desean, está poniendo de relieve la plenitud de ese conflicto. Debido a que poseemos dos naturalezas, estamos literalmente de ambos lados de la batalla al mismo tiempo.

Nuestra parte espiritual desea lo que es espiritual y detesta la carne. Nuestra parte carnal, sin embargo, anhela las cosas de la carne y se opone a lo que es espiritual. Debido a que la mente convertida es demasiado débil para resistir la carne por cuenta propia, la única esperanza que tenemos para subyugar la carne es tomar una decisión diaria de ponernos del lado del Espíritu contra nuestro lado pecaminoso. Por eso Pablo insiste tanto en que escojamos andar en el Espíritu.
Según tu experiencia en la batalla entre estas dos naturalezas, ¿qué consejo puedes darle a un cristiano que está intentando entender su interminable lucha con el yo?

#LecciónAdultos
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

TOMADO DE:
Lección de Escuela Sabática Para Adultos.
3er. Trimestre. EL EVANGELIO EN GÁLATAS.
Lecc. 12. “Vivir Por El Espiritu“.

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