viernes , 17 abril 2026
Matinal Para Adultos 2018

El centurión bondadoso

«Él es quien perdona todas mis maldades, quien sana todas mis enfermedades, quien libra mi vida del sepulcro, quien me colma de amor y ternura». Salmo 103: 3, 4, DHH

EN EL MUNDO actual reinan el egoísmo, la codicia y la opresión, y muchos hijos de Dios se sienten realmente afligidos por ello. Algunos viven en lugares humildes y miserables, rodeados de pobreza, enfermedad y culpabilidad. Otros soportan pacientemente su propia carga de dolor y tratan de consolar a quienes tienen a su alrededor. «El poder de Satanás sobre la familia humana aumenta. Si el Señor no viniese pronto a, quebrantar su poder, la tierra quedaría despoblada antes de mucho» (Elena G. de White, Consejos sobre la salud, p. 18).

Viviendo en un panorama tan terrible, es lógico anhelar humanidad, misericordia, benevolencia, benignidad, clemencia, filantropía, mansedumbre, dulzura y, sobre todo, bondad. La bondad es la inclinación a hacer el bien, una virtud que Dios implanta en el corazón de quienes lo buscan.

Cristo es quien nos corona de favores, misericordia y bondad. Y es que estos atributos son el mejor remedio para prevenir el estrés, la tensión, el nerviosismo, los dolores y las enfermedades. Son virtudes que hasta los ciegos pueden ver y los sordos escuchar.

La Biblia ilustra la bondad a través de un hombre muy peculiar, un centurión romano cuyo siervo estaba enfermo y a punto de morir. El centurión era el jefe de un ejército de soldados que servía a Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, y tenía un siervo a quien le unía una estrecha relación; algo poco común. El siervo se había quedado paralítico por una fuerte fiebre reumática que le causaba muchos dolores, y esto Io atormentaba.

En aquella época, muchos esclavós eran tratados con crueldad y, cuando estaban enfermos, sus amos los dejaban morir y buscaban a otro siervo más joven y fuerte. Gracias a su actitud, el centurión protagonizó una bonita historia que nos revela la belleza de la bondad, una virtud que traspasa las barreras culturales y las fronteras de las clases sociales.

Pidamos hoy a Dios que implante en nuestro corazón la bondad de Cristo Jesús y que, como el centurión, podamos ayudar a las personas más vulnerables y necesitadas.

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez

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