«Mientras Pedro aún hablaba, el galló cantó entonces Pedro se acordó de las palabras del Señor»
Lucas 22: 60-61, RVC.
Desde que, al jubilarme, me mudé a la casa donde ahora vivo, tengo el raro privilegio de despertarme todas las mañanas al canto de los gallos de mi vecino. Bueno, no se trata de ese canto cristalino y claro de los gallos, de cualquier gallinero, sino de una especie de graznidos de una raza de gallitos minúsculos, que intentan compensar la falta de potencia de sus gargantas desgañitándose durante horas con sus chillidos.
Después de aislar al máximo posible mis ventanas, parece que ahora me estoy reconciliando con estas esforzadas aves. Porque tengo que reconocer que, si bien no destacan como apreciados cantores, estos gallos tienen también admirables cualidades, entre las que destaca la de ser extraordinariamente madrugadores.
En efecto, para no faltar a su concienzudo deber de despertar a tiempo a sus sufridos vecinos, empiezan a alertarnos siempre mucho antes de la hora. A su manera, son fieles a su vocación y cumplen perfectamente su misión de despertadores del barrio.
Pedro recibió una importante lección de parte de un gallo. Mientras el animalito cumplía fielmente su anunciar la mañana, Pedro fallaba estrepitosamente a su misión de velar cuando su Maestro era injuriado.
El «canto del gallo» era el nombre que, en aquellos tiempos, muchos pueblos, mediterráneos daban al tercer periodo de la noche, que dividían en cuatro vigilias, como nos, recuerda Marcos: «Velen, porque, no saben cuándo viene el señor de la casa, si al atardecer, o a la medianoche, o al canto del callo, o al amanecer» (Mar. 13; 35, NBLA).. Los romanos llamaban precisamente gallicinium (o «canto del gallo») a la señal horaria que los guardas emitían con sus clarines al final de la tercera vigilia de la noche, un poco antes del amanecer.
Supongo que, para Pedro, después de aquella terrible noche, le habrá sido mucho más penoso que a mí escuchar el canto de algún gallo; Le recordaría la vergüenza de su traición y de su fracaso. Pero sin duda, con el paso del tiempo, también le habrá recordado las palabras alentadoras de Jesús, asegurándole su perdón y su apoyo. «Yo, he rogado por ti, para que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos» (Luc. 22: 32).
Señor, ayúdame a dejar de atormentarme por los reproches de los gallos de mi conciencia, y a recordar más bien tus promesas, que, como a Pedro, me animan a seguir compartiendõ mi fe.
HACIENDO MI PARTE EN LA MISIÓN
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2025
«CON JESÚS HOY»
Por: Roberto Badenas
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García
