EL REINO DE LA GRACIA
«Porque no estamos luchando contra poderes humanos, sino contra malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre el mundo de tinieblas que nos rodea».
Efesios 6: 12, DHH
El mundo caído es el campo de batalla del mayor conflicto que los seres celestiales y los poderes terrenales hayan presenciado jamás. Fue señalado como el escenario en el cual se libraría la mayor lucha entre el bien y el mal, entre el cielo y el infierno. Todo ser humano desempeña una parte en este conflicto. Nadie puede permanecer en terreno neutral. Los hombres y mujeres pueden aceptar o rechazar al Redentor del mundo. Todos son testigos, en favor o en contra de Cristo. El Señor Jesús llama a los que se alistan bajo su estandarte para que entren con él en el conflicto como fieles soldados, a fin de que puedan heredar la corona de la vida.— Hijos e hijas de Dios, 23 de agosto, p. 244.
Hay batallas que pelear cada día. En cada alma se combate una gran guerra entre el príncipe de las tinieblas y el Príncipe de vida. Como agentes de Dios debemos sometemos a él, para que planee, dirija y pelee la batalla por nosotros, con nuestra cooperación. El Príncipe de vida está al frente de su obra. Él debe estar con nosotros en la batalla diaria con el yo para que podamos permanecer firmes a los principios; para que cuando las pasiones luchen por la supremacía, puedan ser doblegadas por la gracia de Cristo; para que seamos más que vencedores mediante Aquel que nos amó (Rom. 8: 37) . Jesús ha estado sobre la tierra. Conoce el poder de cada tentación. Sabe cómo enfrentar cada emergencia, y cómo conducimos a través de cada sendero de peligro.— Conflicto y valor, 21 de abril, p. 120.
Dios tendrá un pueblo celoso para las buenas obras, firme en medio de las contaminaciones de esta época de degeneración. Habrá un pueblo cuyos miembros se aferrarán de tal manera a la fuerza divina que podrán resistir a toda tentación. Los malos anuncios que se ven en llamativos carteles pueden tratar de hablar a sus sentidos y corromper su mente, pero estarán de tal manera unidos con Dios y los ángeles que serán como quienes no ven ni oyen. Tienen que hacer una obra que nadie puede hacer por ellos, la cual consiste en pelear la buena batalla de la fe y echar mano de la vida eterna.
Los jóvenes pueden tener principios tan firmes que las más poderosas tentaciones de Satanás no podrán apañarlos de su fidelidad.— Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 518
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
