EL REINO DE LA GRACIA
«Calzados sus pies con la preparación para proclamar el evangelio de paz».
Efesios 6: 15, RVA15
Vivimos en medio de una «epidemia de crímenes», frente a la cual, en todas partes, los seres humanos pensadores y temerosos de Dios se sienten horrorizados. Cada día trae su porción de aflicciones para el corazón mediante violencias, anarquía, indiferencia para con los padecimientos humanos, brutalidades y muertes. Cada día confirma el aumento de la locura, los asesinatos y los suicidios. ¿Quién puede dudar de que los agentes de Satanás están trabajando entre los seres humanos con creciente actividad, para perturbar y corromper la mente, manchar y destruir el cuerpo?
Y mientras que abundan estos males en el mundo, es demasiado frecuente que el evangelio se predique con tanta indiferencia que no hace sino una débil impresión en la conciencia o la conducta de los seres humanos. En todas partes hay corazones que claman por algo que no poseen. Suspiran por una fuerza que les dé dominio sobre el pecado, una fuerza que los libre de la esclavitud del mal, una fuerza que les dé salud, vida y paz.— El ministerio de curación, cap. 9, p. 85.
El evangelio es un mensaje de paz. El cristianismo es un sistema que, de ser recibido y practicado, derramaría paz, armonía y dicha por toda la tierra. La religión de Cristo unirá en estrecha fraternidad a todos los que acepten sus enseñanzas.— El conflicto de los siglos, cap. 2, pp. 43-44.
La paz de Cristo nace de la verdad. Está en armonía con Dios. El mundo está en enemistad con la ley de Dios; los pecadores están, en enemistad con su Hacedor; y como resultado, están en enemistad unos con otros. Los seres humanos no pueden fabricar la paz. Los planes humanos, para la purificación y elevación de los individuos o de la sociedad, no lograrán la paz, porque no alcanzan al corazón. El único poder que puede crear o perpetuar la paz verdadera es la gracia de Cristo. Cuando esta esté implantada en el corazón, desalojará las malas pasiones que causan luchas y disensiones,— El Deseado de todas las gentes, cap. 31, p. 274.
Los rostros de los hombres y las mujeres que andan y trabajan con Dios expresan la paz del cielo. Están rodeados por la atmósfera celestial. Para esas almas, el reino de Dios empezó ya.—lbid., p. 282.
El Señor viene pronto. Hablen acerca de ello, oren para que así sea y créanlo. Colóquense la armadura cristiana, y asegúrense de que sus pies estén «calzados con el apresto del evangelio de paz».— Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 226.
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
