“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.” Proverbios 31:10
Vengo de una familia no muy numerosa: mi mamá, mi papá, mi hermana, mi hermano y yo, la mayor. Mi mamá aceptó el evangelio gracias a la revista El Centinela, que un colportor llevaba mensualmente a su trabajo. Luego conoció a mi papá, un fiel católico, y se hicieron novios. Él iba con ella a la iglesia y a todas las actividades pero, cuando se casaron, todo cambió, y ya no la acompañaba.
Con la llegada de las dos hijas, la situación se complicó un poco más. Papá nos llevaba con él a sus actividades de los sábados, y mamá tenía que ir sola a la iglesia. A pesar de eso, mamá hacía el culto con nosotras todos los días, cantábamos, aprendíamos versículos de memoria, y nos enseñaba a orar, Ella oraba por nosotras y por papá. Con el paso del tiempo y, gracias a Dios, papá nos permitió ir a la iglesia,
Por aquella época, papá decidió llevarnos a Italia a conocer a su mamá. En casa de la abuelita, mi hermanita y yo hacíamos juntas nuestro culto. Un día le dijeron a mi papá:
¿Cómo es posible que tus hijas [teníamos nueve y seis años] no estén bautizadas? ¡Tienen que hacer la primera comunión!
Nosotras orábamos en silencio, y una vez escuchamos a papá decir:
—Su mamá no está aquí. Yo no puedo tomar solo esta decisión.
Regresamos, pasó el tiempo, y llegó un hermanito varón. La situación era estable. Seguíamos orando para que mi papá aceptara a Jesús. Mamá se mantuvo firme en la fe; era una mujer de oración.
—Es lo único que tenemos —nos decía Nunca olviden que Dios debe ser lo primero, lo mejor y lo único; sin él, nada vale la pena.
Nunca vimos a mama perder tiempo en actividades triviales ni en actitudes vanidosas, sino que pasaba tiempo con Jesús; cada día dedicaba su vida a su familia y nos inspiraba a ir a los pies de Cristo. Finalmente, papá y mamá se divorciaron; pero al final de su vida, cuando papá estaba gravemente enfermo en mi casa, ella lo cuidó hasta su muerte.
Doy gracias a Dios por la madre que me dio; ¿y tú amiga,? Agradécele por la tuya.
Josefina Pérez
Tomado de:
Lecturas devocionales
para Damas 2015
“Jardines del alma”
Por: Diane de Aguirre
