Nehemías 2: 9-20
<<También les conté lo bueno que Dios había sido conmigo y lo que me había dicho el rey. Ellos dijeron todos animados: “¡Manos a la obra!»»>. Nehemías 2: 18, PDT
Con corazón dolorido […] [Nehemías] miró las defensas arruinadas de su amada Jerusalén. ¿Y no es este el estado en que los ángeles del cielo ven a la iglesia de Cristo? Como los moradores de Jerusalén, nos acostumbramos a males existentes y a menudo nos resignamos y no hacemos ningún esfuerzo para remediarlos. Pero, ¿cómo son considerados esos males por los seres divinamente iluminados? ¿No miran ellos, como Nehemías, con corazón apesadumbrado los muros arruinados y las puertas quemadas con fuego?— Comentario bíblico adventista, t. 3, p. 1154-1155.
Nehemías había traído un mandato real que ordenaba a los habitantes que cooperaran con él en la reedificación de los muros de la ciudad; pero no confiaba en el ejercicio de la autoridad y procuró mas bien ganar la confianza y apoyo del pueblo, porque sabía que la unión de los corazones tanto como la de las manos era esencial para la gran obra que le aguardaba.— Profetas y reyes, cap. 53, p. 430.
Hay necesidad de [muchos] Nehemías en la iglesia hoy: personas que puedan no solo orar y predicar, sino cuyas oraciones y sermones estén corroborados por un propósito firme y anhelante. […] El éxito que acompañó los esfuerzos de Nehemías muestra lo que la oración, la fe y la acción enérgica y sabia pueden llevar a cabo. […] El espíritu manifestado por el dirigente será reflejado en gran medida por el pueblo. Si los dirigentes que profesan creer las verdades solemnes e importantes que van a probar almundo en esta época no manifiestan ardiente celo en preparar a un pueblo para que permanezca firme en el día de Dios, debemos esperar una iglesia descuidada, indolente y amante de los placeres.— Comentario bíblico adventista, t. 3, p. 1155.
Nehemías era un reformador, un gran hombre suscitado para una ocasión importante. Cuando entró en contacto con el mal y toda clase de oposición, surgieron un Nuevo ánimo y un celo renovados. Su energía y determ.ir)ac¡ón inspirart?n al pueblo de Jerusalén; la fuerza y el valor tomaron el lugar de la debll¡dad y del desaliento. Su santo Propósito, su elevada esperanza, su jovial consagración al trabajo, eran contagiosos. El Pueblo se contagió del entusiasmo de su dirigente: en su esfera, cada persona se convirtió en un Nehemías y ayudó a fortalecer la mano y el corazón de su vecino.— Ibid.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
