«El que escucha lo que yo enseño y hace lo que yo digo, es como una persona precavido que construyó su casa sobre piedra firme. Vino la lluvia, y el agua de los ríos subió mucho, y el viento sopló con fuerza contra lo casa. Pero la casa no se cayó, porque estaba construido sobre piedra firme».
Mateo 7:24, 25, TLA
LA FORMACIÓN DEL CARÁCTER es la obra de toda la vida, y es para la eternidad. Si todos comprendieran esto, si despertaran al pensamiento de que individualmente estamos decidiendo nuestro destino para la vida eterna o nuestra ruina eterna, ¡qué cambio ocurriría! ¡Cuán diferentemente ocupado sería este tiempo de prueba, y cuán diferentes caracteres llenarían nuestro mundo!.
En la edificación del carácter es de la mayor importancia la necesidad de cavar hondo, quitando toda escoria y edificando en lo inconmovible, en la Roca sólida, Cristo Jesús. Para poner un firme fundamento necesitamos sabiduría, para saber cómo edificar. […] En su ley Dios nos ha dado una norma, y es de acuerdo a este modelo que debemos edificar. La ley es la gran norma de justicia. Representa el carácter de Dios, y es la prueba de nuestra lealtad a su gobierno.
La entereza es necesaria para obtener éxito en la edificación del carácter. Debe haber un ferviente deseo de llevar a cabo los planes del Maestro constructor. Las maderas que se utilicen deben ser sólidas; no puede hacerse un trabajo descuidado e indigno de confianza, porque arruinaría la edificación.
En esta obra debe ponerse al trabajo todo el ser. Exige fortaleza y energía; ninguna reserva debe malgastarse en asuntos sin importancia. Debe ponerse al trabajo la decidida fuerza humana, en colaboración con el Obrero divino. Debe realizarse un esfuerzo ferviente y perseverante por romper con las costumbres y las máximas y asociaciones de este mundo. El pensamiento profundo, el propósito ferviente, y la firme integridad son esenciales. No debe haber ociosidad. La vida es un depósito sagrado, y cada momento debiera ser aprovechado sabiamente. […]
Recordemos que estamos edificando para la eternidad. Asegurémonos de que nuestros cimientos sean seguros; luego edifiquemos firmemente, con esfuerzo persistente, pero con bondad, mansedumbre y amor. Así nuestra casa permanecerá inconmovible, no solo cuando las tormentas de la tentación lleguen, sino cuando las abrumadoras olas de la ira de Dios barran el mundo.— The Youth’s Instructor, 19 de febrero de 1903.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Jacqueline Lora & Martha González.

