He recibido instrucciones según las cuales hay una retención del diezmo que debiera llevarse fielmente a la tesorería del Señor para el sostén de los pastores y los misioneros que están abriendo las Escrituras a la gente y trabajan de casa en casa. La obra de evangelizar el mundo ha sido gravemente obstaculizada a causa del egoísmo personal. Algunos, aun entre los cristianos profesos, son incapaces de ver que la obra del evangelio debe ser sostenida por los recursos que Cristo les ha dado. Se necesita dinero para que la obra que se efectúa en todo el mundo pueda continuar realizándose. Miles y miles de personas perecen en el pecado, y la falta de recursos está obstaculizando la proclamación de la verdad que debe anunciarse a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Hay hombres listos para ir como mensajeros del Señor, pero por falta de recursos en la tesorería, no pueden ser enviados a donde la gente está rogando que vaya alguien a enseñarles la verdad.
Hay muchos en nuestro mundo que anhelan escuchar la palabra de vida. ¿Pero cómo pueden oírla sin un predicador? ¿Y cómo podrían vivir sin sostén los que sean enviados a enseñarles? Dios desea que las vidas de sus obreros sean sostenidas con cuidado. Son su propiedad, y él es deshonrado cuando ellos se ven compelidos a trabajar en una forma que perjudica su salud. Él es también deshonrado cuando los obreros no pueden ser enviados a lugares necesitados por falta de recursos (Testimonios para la iglesia, t. 9, pp. 42, 43).
[C]uando los hombres pasan por alto las pretensiones de Dios establecidas claramente delante de ellos, el Señor permite que sigan sus propios caminos y cosechen el fruto de sus acciones. Quienquiera que se apodere para su propio uso de la porción que Dios se ha reservado está demostrando que es un mayordomo infiel. Perderá no solo lo que ha retenido de Dios sino también lo que se le dio como suyo (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 93).
El asunto de la dadivosidad no ha sido librado al impulso. Dios nos ha dado instrucciones definidas concernientes a él. Ha especificado que los diezmos y las ofrendas constituyen nuestra obligación, y desea que demos en forma regular y sistemática … Que cada uno examine periódicamente sus entradas, las que constituyen una bendición de Dios, y aparte el diezmo para que sea del Señor en forma sagrada. Este fondo en ningún caso debería dedicarse a otro uso; debe dedicarse únicamente para el sostén del ministerio evangélico. Después de apartar el diezmo hay que separar los donativos y las ofrendas, «según haya prosperado» Dios …
Este mensaje no ha perdido nada de su fuerza. Su importancia se renueva constantemente, así como los dones de Dios se renuevan continuamente. No hay dificultad para comprender cuál es nuestro deber a la luz de este mensaje dado por medio del santo profeta de Dios. No se nos ha dejado para que tropecemos en las tinieblas y la desobediencia. La verdad se declara con toda llaneza, y todos los que deseen ser honrados ante Dios pueden comprenderla. El diezmo de todos nuestros ingresos es del Señor. Él coloca su mano sobre la porción que ha especificado que le devolvamos, y dice: Permito que uséis de mi abundancia después de haber apartado la décima parte y de haberme traído donativos y ofrendas ( Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 86, 87).
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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
1re. Trimestre 2023 «ADMINISTRAR PARA EL SEÑOR… HASTA QUE ÉL VENGA»
Lección 3: «EL CONTRATO DEL DIEZMO»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez
