«Así que ustedes, queridos hermanos, puesto que ya saben esto de antemano, manténganse alerta, no sea que, arrastrados por el error de esos libertinos, pierdan la estabilidad y caigan». 2 Pedro 3: 17, NVI
EN ESTOS DÍAS FINALES, cuando la iniquidad abundará y el amor de muchos disminuirá, Dios tendrá a un pueblo que glorificará su nombre y que se levantará como reprobador de la injusticia. Debe ser un «pueblo peculiar», que sea fiel a la ley de Dios cuando el mundo procura invalidar sus preceptos. Y cuando el poder convertidor de Dios obre a través de sus siervos, las huestes de las tinieblas se agruparán para formar una enconada y decidida oposición. Satanás trabajará con «hechos poderosos, señales y falsos milagros» (2 Tes. 2: 9). Utilizará todo artificio de engaño para seducir las almas de los seres humanos. […]
La obra de la apostasía se inicia en alguna secreta rebelión del corazón contra los requerimientos de la ley de Dios. Fomentan y complacen deseos no santificados y ambiciones ilegales, y la incredulidad y las tinieblas separan al alma de Dios. Si no vencemos estos males, ellos nos vencerán a nosotros.
Personas que durante largo tiempo han estado progresando en la senda de la verdad serán probadas con pruebas y tentaciones. Los que escuchen las sugerencias de Satanás y se aparten de su integridad, comenzarán el camino descendente, y alguna tentación imperiosa los apresurará por la senda de la apostasía, hasta que su descenso se haga evidente y rápido. Los pecados que alguna vez fueron muy repugnantes, se volverán atractivos y serán bienvenidos por aquellos que han desechado el temor de Dios y la fidelidad a su ley. Pero el comienzo más placentero en la transgresión termina en desdicha, degradación y ruina.
Necesitamos estar constantemente en guardia para velar y orar, a fin de no caer en la tentación. La complacencia del orgullo espiritual, de los deseos no santificados, de los pensamientos impuros, de cualquier cosa que pueda evitar que tengamos una relación íntima y santa con Jesús, pone en peligro nuestra alma. Debemos poseer una fe viva en Dios. […1 Si el pensar en la apostasía les resulta atroz, y no quieren convertirse en enemigos de la verdad, […] entonces «aborrezcan el mal; aférrense al bien» (Rom. 12: 9, NVI).— The Review and Herald, 8 de mayo de 1888, pp. 289, 290.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Ana Hironymus & Miguel Miguel
