«Señor, muéstrame tu camino y en tu verdad caminaré; guía mi corazón para que venere tu nombres».Salmo 86: 11, LPH
DIGAMOS DE TODO CORAZÓN: «Caminaré yo en tu verdad». Toda resolución, expresada en el temor de Dios, le dará fortaleza al propósito y a la fe. Tenderá a estimular y a humillar, a fortalecer y a confirmar. […] La verdad merece nuestra confianza, más aún cuando el mundo está inundado de fábulas. La circulación del error y de la falsedad, indica únicamente que en alguna parte está la verdad, la verdad genuina. […] Para nosotros no basta únicamente escuchar la verdad. Dios requiere que la obedezcamos. «¡Antes bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen!» (Luc. 11: 28). «Si entienden estas cosas y las ponen en práctica, serán dichosos» (Juan 13: 17, DHH).
Debemos andar gozándonos en la verdad. No debe ser para nosotros un yugo de esclavitud, sino un consuelo, un mensaje de buenas nuevas de gran gozo que anime nuestro corazón y nos haga cantar melodías en honor a Dios. A través de la paciencia y el consuelo de las Escrituras, tenemos esperanza. La esperanza cristiana no es sombría, sin consuelo. iOh, no, no! No nos encierra en una prisión de dudas y temores. La verdad nos hace libres a aquellos que la amamos y somos santificados mediante ella. Andamos en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.— Carta 8, 1873, p.7.
Nosotros, que pretendemos creer la verdad, debiéramos revelar sus frutos en nuestras palabras y carácter. Debemos estar muy avanzados en el conocimiento de Jesucristo, en la recepción de su amor a Dios y a nuestros semejantes, a fin de tener la luz del cielo brillando en nuestra vida diaria. La verdad debe alcanzar hasta los lugares más recónditos del alma, y limpiar de ella todo lo que no sea semejante al espíritu de Cristo; y el vacío se debe llenar por los atributos de su carácter, que es puro, Santo y sin contaminación, para que todas las fuentes del corazón sean como flores, fragantes, con perfume, un olor suave, un sabor de vida para vida.— Manuscrito 109, 1897.
La verdad entronizada en el corazón es la que lo convierte a uno en un hombre de Dios.— Manuscrito 1a, 1890, p. 8.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Jacqueline Lora & Martha González.

