«Aunque yo esté afligido y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú. ¡Dios mío, no te tardes!». Salmo 40:17
QUE NO NOS DESANIME nuestra gran necesidad. El Salvador de los pecadores, el Amigo de los que no tienen amigos, con una compasión infinitamente mayor de la que tiene una madre tierna por un hijo amado y afligido, nos invita: «Vengan a mí para ser salvos» (Isa. 45:22, PDT). «Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados» (Isa. 53:5). […]
Existe el peligro de no hacer de las enseñanzas de Cristo un asunto personal, de no recibirlas como si estuvieran dirigidas personalmente a nosotros. Jesús se dirige a mí en sus palabras de instrucción. Puedo apropiarme de sus méritos, de su muerte, de su sangre purificadora, tan plenamente como si no hubiera otro pecador en el mundo por quien hubiera muerto Cristo. […]
Para todos hay esfuerzos, conflictos y abnegación. Nadie escapará de ellos. Debemos recorrer la senda que Jesús recorrió. Puede significar lágrimas, pruebas, privaciones, pesar por el pecado; o procurar el dominio de los deseos depravados, del carácter desequilibrado y del temperamento violento. Se requiere un esfuerzo decidido para presentarnos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Comprende a todo el ser. No hay lugar en la mente donde Satanás pueda dominar y realizar sus designios. El «yo» se debe crucificar. Hay que realizar una consagración, una sumisión y un sacrificio tan intensos como si se quitara la sangre del corazón. — The Review and Herald, 22 de julio de 1884.
¿Nos entristecería que el mundo nos abofeteara, nos despreciara, nos escarneciera y nos calumniara? No debería entristecernos, porque Jesús nos dijo lo que ocurriría: «Si el mundo los aborrece, tengan presente que antes que a ustedes, me aborreció a mí» (Juan 15:18, NVI).
El apóstol Pablo, el gran héroe de la fe, testifica: «Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después» (Rom. 8:18, DHH). «Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades!» (2 Cor. 4:17, NTV). — Ibid.
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Devocional Vespertino Para 2023.
«A FIN DE CONOCERLE»
Por: ELENA G. DE WHITE
Colaboradores: Ruben D. Salazar & Miguel Miguel
