[soundcloud id=’238327591′]
Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza, dirígeme por amor a tu nombre. Salmo 31:3, NVI.
Estaba en la casa de una familia cristiana cuando, al atardecer, se desencadenó una gran tormenta. El hombre se ofreció amablemente a acercarme hasta mi auto, que estaba un poco lejos. En unos minutos estaba sentada dentro de mi auto mirando la hora. Me quedaban solo muy poco para que terminara mi jornada de trabajo, y me pregunte, considerando la fuerte lluvia, si debía irme a casa o visitar algunos hogares más.
Mientras pensaba, se me vinieron a la mente las palabras de una conversación que había tenido horas antes con un amigo. Habíamos hablado acerca de cómo Dios recompensa el esfuerzo, la dedicación y la perseverancia. Así que, con esos pensamientos en mente, tome mi paraguas y salí del auto, pensando con emoción porque Dios me estaba llamando a trabajar bajo la fuerte lluvia.
Al caminar hacia una casa, noté que un perro se acercaba trotando en dirección a mí. No le preste atención, pero cuando me dirigía a la casa siguiente descubrí que el perro me seguía… es decir, tenía un compañero canino.
Fuimos a varias casas más, pero nadie abrió la puerta. Pare en el medio de la calle pensando hacia dónde ir. Entonces recordé la experiencia de un amigo, y se me ocurrió que quizás el Señor me estaba queriendo decir algo. “¿Por qué no? —Pensé— Veamos adónde me guía mi nuevo amigo canino».
Anime al perro a tomar la delantera, y lo seguí hasta el final de una calle sin salida, cruzando un jardín, y hasta la puerta de una casa. El perro se detuvo, como diciendo: “Estoy en casa”. Pensé que él vivía allí. Golpeé la puerta, y le pregunté a la mujer que me atendió si ese era su perro. Ella me dijo que nunca antes lo había visto, y sus dos hijitos dijeron lo mismo; pero me invitó a pasar, y le hablé de mi trabajo.
Dios impresionó su corazón y ella compró algunos libros. Durante el siguiente año y medio compró más publicaciones. Nuestras conversaciones han ido desde no querer saber nada de religión hasta hacer el pedido de Las mejores historias para los niños, sabiendo perfectamente que tienen temas cristianos.
¿El perro? Nunca más lo vi. Alabado sea Dios por las maneras maravillosas que tiene para guiarnos. ¡Hasta unos amigos peludos para sembrar su Palabra!
Sasha Shofay, Australia
Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao
