“No te dejaré ni te abandonaré” (Jos. 1:5, NVI).
Parte del recorrido incluía algunas calles sin luz. Ellas sabían que si alguien las atacaba estarían indefensas, así que antes de comenzar a caminar, oraron y se aferraron a la promesa bíblica de que Dios nunca nos abandona. Para no sentir tanto miedo, conversaban mientras caminaban. De repente, a lo lejos, vieron siluetas en la oscuridad. Se detuvieron, se tomaron de las manos y oraron.
“Dios está con nosotras”, susurró Damaris.
Había silencio absoluto.
Cuando se atrevieron a abrir los ojos, vieron a un grupo de jóvenes con pasamontañas. En la oscuridad, ni siquiera sus ojos eran visibles. “¡Hazlo!” ordenó el líder, señalando a uno de sus secuaces. El chico dio un paso adelante y puso un cuchillo en el rostro de una de ellas. “Suelta la mochila o te mato”. Inés colocó la mochila en el suelo.
Luego, mirándolo, ella le dijo: “Dios te ama”. El maleante miró a su alrededor, sorprendido. “¡Regresa para acá!”, le ordenó el líder de la pandilla.
Ambas chicas oraban en silencio para que Dios hiciera un milagro.
Inés comenzó a hablar del amor de Jesús.
–Jesús te ama tanto que dejó el cielo para venir a este mundo horrible y morir para salvarte. Jesús murió por ti –dijo.
–¿Por qué nos estás diciendo esto? –le preguntó el líder–. Vinimos a robarte no a oír un sermón.
–Jesús vino a convertirte de pecador en su seguidor y es nuestro deber hablarte de él –continuó diciendo Inés.
Al oírla, el líder corrió hacia ella, sacó una pistola y la sostuvo contra su cabeza.
–Si sigues hablando, te voy a matar.
Continuará…
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2021
“NO SE TRATA DE MÍ, SE TRATA DE TI”
Por: Tompaul Wheeler
Colaboradores: Gisela Barbosa & Antonia H