«Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman» (l Corintios 2: 9).
Era una nueva experiencia para mí: ¡buscar una casa! Por motivos laborales, mi familia y yo tuvimos que mudarnos a otro país. Por eso que me encontré buscando una casa para alquilar. Yo conocía las necesidades y los requisitos de mi familia, e hice lo mejor posible por encontrar una casa adecuada. Pero fue un gran desafío. A lo largo de varias semanas visité propiedades, pero ninguna parecía adecuada.
Finalmente, me mostraron una que, en mi opinión, parecía ser la elección perfecta. El tamaño, la ubicación y el precio se adecuaban a nuestras necesidades. Tomé fotos de la propiedad y se las envié a la familia, que todavía se hallaba en nuestro país. Todos estuvieron de acuerdo en que debíamos alquilar esa. Contacté al propietario y me preparé para firmar el contrato y hacer los pagos, pero él me informó que la acababa de alquilar el día anterior. ¡Qué decepción!
Lo comenté con mi compañero de trabajo, que me estaba ayudando, y me consolé con la idea de que Dios debía tener un plan mejor. Y oré. Durante los días siguientes, mi compañero y yo volvimos a la ardua tarea de buscar casa, pero sin éxito. Una noche, a eso de las 23:30, una amiga que acababa de terminar su turno en el hospital vino a verme y me dio una nota con un número telefónico. «Esta persona acaba de poner información en la cartelera del hospital sobre una propiedad para alquilar», decía.
Al día siguiente, llamé a ese número. La persona que me respondió insistió en que fuera inmediatamente a ver la propiedad. Pedí a mi compañero de trabajo que me llevara, y aceptó. Nos sorprendió gratamente la calidad, la ubicación y el costo del alquiler. La oferta superaba las expectativas de mi familia en todos los sentidos, ¡Dios realmente tenía un plan mejor!
A menudo, vemos casas grandiosas en esta tierra y las admiramos, sabiendo que probablemente nunca podremos tener una así. Podemos animarnos con las palabras de Jesús: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas». Dios ha ido a preparar para nosotros «lo que ojo no vio». Aquella casa terrenal excedió mis expectativas. ¡Nuestras casas celestiales las excederán infinitamente más!
Gerene I. Joseph
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2017
“VIVIR SU AMOR”
Por: Ardis Stenbakken.
