Saúl respondió: «Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí. Dios se ha apartado de mí y ya no me responde, ni por medio de los profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me digas lo que debo hacer». 1Samuel 28:15 (RV95).
LA ADIVINA DE ENDOR
Saúl calumnió a Dios diciendo que es él quien se aparta de nosotros y nos deja hundirnos en la angustia. Lejos ya de Dios, Saúl acudió a la adivina de Endor. «Esta mujer había pactado con Satanás entregarse por completo a su dominio y cumplir sus propósitos; y en cambio, el príncipe del mal hacía milagros para ella, y le revelaba cosas secretas» (PP, cap. 66, p. 665). David, por el contrario, cuando estuvo afligido dijo: «Estoy en grande angustia. Prefiero caer en la mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas en extremo, que caer en manos de los hombres» (1 Crónicas 21:13, RV95). Saúl prefirió caer en las manos de la adivina de Endor.
Cristo nos dejó ejemplo en la víspera de su sacrificio. Cuando «comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera … Jesús … dijo: ‘Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo'» (Mateo 26:37, 38). «Lleno de angustia oraba intensamente, y era su sudor como grandes gotas de sangre» (Lucas 22:44, RV95). ¡Sí, la poderosa oración!
Gracias a su dolor, muerte y resurrección, «no se exhala un suspiro, no se siente un dolor, ni ningún agravio atormenta el espíritu, sin que haga también palpitar el corazón del Padre. … Dios se inclina desde su trono para oír el clamor de los oprimidos. A toda oración sincera, él contesta: ‘Aquí estoy’. Levanta al angustiado y pisoteado. En todas nuestras aflicciones, él es afligido. En cada tentación y prueba, el ángel de su presencia está cerca de nosotros para librarnos» (DTG, cap. 37, pp. 328-329). ¡Cuidado! Hay «demasiado poca oración [en nuestra vida], escasea una real convicción de pecado, y la falta de una fe viviente deja a muchos destituidos de la gracia tan abundantemente provista por nuestro Redentor» (CeS, p. 79).
Cuando estés angustiada, ora a Dios e intercede por otros. No seas una «adivina de Endor», llamando a un «número equivocado» en busca de ayuda alternativa. Dios nunca nos abandona, nunca se aparta de los seres humanos y siempre responde: «Dios sabe, Dios oye, Dios ve» (HASD, no 435).
Claudia Gabriela Hernandez Salazar de Medina
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2019
“Hijas del Rey”
Por: Diana de Aguirre
Colaboradores: Norma Salinas & Silvia Garcia F,
