«Tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público» (Mat. 6: 6).
Siendo adolescente tenía una enorme dificultad para entender que Dios podía verme y escucharme a la vez que veía y escuchaba a todos los demás seres humanos. Y constantemente estaba dándole vueltas a este asunto. ¿Cómo puede Dios cuidar de todos sus hijos al mismo tiempo?
Parece que necesitamos miles de computaciones cerebrales por segundo solo para reconocer una melodía, un perfume o una imagen. Nuestros ojos pueden ver miles de imágenes e interpretarlas a una velocidad que desafía la imaginación de los evolucionistas. Ninguno de ellos ha explicado todavía de modo convincente cómo un puñado de materia ha evolucionado, por error y sin ningún proyecto inteligente detrás, para convertirse en un ojo que ve perfectamente o en un oído que escucha con inverosímil precisión.
Hoy sabemos que solo un gramo de tejido cerebral puede contener millones de conexiones entre neuronas y sinapsis. Como resultado de esto, cada célula, y hay más células nerviosas en nuestro cuerpo que personas en esta Tierra, pueden comunicarse con otras o con el cerebro de forma casi instantánea.
Entonces, me digo a mí mismo, si un cerebro tan mediano como el mío puede ver, escuchar y atender tantas llamadas al mismo tiempo, ¿por qué Aquel que creó todo este sistema y nos hizo a su imagen no va a poder vernos, escucharnos y atendernos a todos a la vez?
ÉL Y YO A SOLAS
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2025
«CON JESÚS HOY»
Por: Roberto Badenas
Colaboradores: Nilken Ortíz y Silvia García
