«El Señor es mi pastor, nada me falta>> (Salmo 23: 1, DHH).

Si hay un animalito noble y dependiente es la oveja. Para ella, el pastor lo significa todo: alimento, agua, dirección, protección, descanso, sanidad, abrigo… Una oveja sin pastor es sinónimo de estar perdido, en peligro de muerte e incapaz de regresar por uno mismo al redil de la seguridad. Es cuando reparamos en todo lo que esta metáfora implica, que la imagen de Dios como nuestro Pastor nos llega a ser tan amada. Ahora bien, aceptar que Dios es nuestro pastor conlleva reconocer que somos sus ovejas, es decir, dependientes de él. Es extraño, pero, aunque nos gusta sentir que Dios es nuestro pastor, nos cuesta aceptar que somos seres dependientes, y mucho más nos cuesta permitir que sea el Pastor quien nos guíe a los pastos delicados y a las aguas de reposo que se encuentran en la senda de la justicia. ¿Tienes ya la convicción profunda de que necesitas al Pastor? Si no es así, tal vez es porque no has entendido aún cómo acechan los lobos.
Evidentemente, no todos los pastores son buenos y verdaderos pastores. Algunos hacen el trabajo solo por el salario, pero sin estar dispuestos a darles a sus ovejas todo el cuidado y el amor que necesitan. Sin embargo, en el caso de Dios, el salmista nos dice algo que está expresado en términos absolutos:
<<¡Nada nos falta!». Piensa en todas las necesidades básicas que tienes (necesidades reales, no necesidades creadas por la publicidad o el consumismo), y verás cómo el buen Pastor las suple todas diariamente.
Te propongo hacer un ejercicio. Lee el Salmo 23 en tu Biblia. Después, a la lista presentada en el Salmo de beneficios que recibimos del Pastor, añádele los beneficios que tú has recibido de él. ¿Ves? El Señor es tu pastor
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2024
«ASÍ ES DIOS» Aprendiendo a conocer a Dios
Por: Pr Roberto Herrera
Colaboradores: Alexander Mora y Silvia García