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Devoción Familiar 2020

DIOS NOS VISITA DE DIFERENTES MANERAS

Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de ¡a cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: «¿Qué haces aquí, Elías?» 1 Reyes: 19: 13

Si alguien te dijera a hoy: «El Señor se te aparecerá en cualquier momento, entre ahora y la puesta del sol», probablemente responderías: «Bueno, si se me va a aparecer hoy, como usted dice, seguramente lo reconoceré». Elías nunca imaginó que estaba a punto de ver una manifestación de la gloria de Dios como nunca había tenido la oportunidad de verla (1 Rey. 19: 9-18). Pero él no había venido a buscar una manifestación de la gloria de Dios. Estaba muy deprimido. Venía huyendo de sus enemigos. Había abandonado el puesto del deber y había dejado inconclusa la obra de reforma que Dios le había encomendado.   Sin embargo, Dios, que comprende las debilidades de sus siervos, de ti y de mí, vino a buscarlo a una cueva remota del monte Horeb. Primero le hizo la punzante pregunta: «¿Qué haces aquí, Elías? ¿Quién te envió aquí?» Luego le reveló aquello que él anhelaba ver y experimentar: «Él le dijo; Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado» (1 Rey. 19:11-12). Obsérvese que Dios no estaba en el poderoso viento que rompía los montes y quebraba las peñas. Tampoco estaba Dios en el gran terremoto ni en el gran fuego. Seguramente Elías había creído que Dios estaba en aquellas poderosas manifestaciones del poder de la naturaleza. Como nosotros, tenía la noción clara del poder de Dios. Esperaba ver y sentir ese poder para creer que Dios estaba con él. Pero la Biblia dice algo maravilloso: «Y tras el fuego un silbo apacible y delicado» (1 Rey. 19:12).

Por supuesto, Dios había estado en el viento, en el terremoto y en el fuego. Pero quiso manifestarse a su siervo en la forma en que siempre lo hace por amor y compasión de nosotros: en forma humilde, como le apareció a Moisés en la zarza ardiente o como apareció él mismo cuando vino a¡ mundo: «Como raíz de tierra seca. No tenía belleza ni majestad para atraernos» (Isa. 53:1).

¿Has escuchado el silbo apacible y delicado? Decide hoy reconocer a Dios en cualquier circunstancia de tu vida.

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Tomado de: Lecturas Devocionales Familiares 2020
«Siempre Gozosos: Experimentando el amor de Dios»
Por: Juan O Perla
Colaboradores: Augusto Palacios & Erika de la Cruz

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