«El que dice que permanece en él,
debe andar como él anduvo>
1 Juan 2: 6.
Algunos podrían pensar que siendo que Cristo era el Hijo de Dios, no tenía necesidad de obedecer, pero el cuadro bíblico señala en la dirección diametralmente opuesta: «Aunque era Hijo, a través del sufrimiento aprendió lo que es la obediencia» (Hebreos 5: 8). Es demasiado claro entonces que la obediencia tiene un papel preponderante en la vida de Cristo y por ende en la experiencia cristiana genuina.
El texto de hoy hace dos cosas para nosotros. En primer lugar, genera la pregunta: ¿cómo anduvo Jesús? Es decir, ¿cómo vivió Jesús mientras estuvo aquí en esta tierra? El álbum de retratos que tenemos en los Evangelios sobre la vida de Cristo nos ayuda a contestarla. Gracias a esos vistazos que tenemos de su paso por este mundo podemos concluir que estuvo caracterizado por un amor incondicional a Dios, una obediencia a toda prueba, un amor insuperable por los seres humanos y una consagración total al servicio del Padre y de la humanidad. En este marco podemos entender todos los milagros, las enseñanzas, los actos públicos y privados de Jesús, nuestro modelo.
En cuanto a la obediencia de Jesús, dice Elena G. de White que «tanto fisica como espiritualmente, era un ejemplo de lo que Dios quería que fuera toda la humanidad mediante la obediencia a sus leyes>» (El Deseado de todas las gentes, cap. 5, p. 36). Jesús fue obediente a sus padres terrenales, pero sobre todo a su Padre celestial. El resumen que hace la Biblia de su capacidad de obedecer es este: «Se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte en la cruz!» (Filipenses 2: 8, NBV).
En segundo lugar, el texto de hoy nos desafía a que andemos como Jesús anduvo, es decir, a que nosotros también vivamos aquí en esta tierra como él vivió. Y es aquí donde este retrato de Jesús cobra una grandísima importancia: Dios quiere que nuestra relación con él se caracterice por una obediencia nacida del amor y la fe. El Señor visualiza una relación con nosotros dentro de la cual obedecerle nos produzca gozo. ¿Vives en tu día a día el gozo de andar como Cristo anduvo?
No tiene sentido desear ser como Jesús si no estamos dispuestos a obedecer como Jesús. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, porque muchas veces obedecer conlleva sufrimiento y persecución; sin embargo, Dios nunca nos ha dado una norma menor ni un ideal más rebajado. Todavía hoy «el que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo»>.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2024
«ASÍ ES DIOS» Aprendiendo a conocer a Dios
Por: Pr Roberto Herrera
Colaboradores: Nilken Ortíz y Silvia García
