lunes , 27 abril 2026
Notas de Ellen G. White 2024

DIOS ES EL JUEZ

Cuando  venga Cristo,  la  tierra  temblará  delante  de él, y los  cielos se enrollarán   como  un pergamino,  y todo  monte  y toda  isla  se removerá de su  lugar. «Vendrá  nuestro  Dios, y no callará; fuego  consumirá delante  de él, y tempestad  poderosa  le  rodeará.  Convocará  a los  cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo.  Juntadme  mis santos,  los que  hicieron  conmigo  pacto  con  sacrificio.  Y  los cielos declararán  su justicia, porque  Dios es el juez». Salmo 50:3-6. En vista del gran día de Dios, podemos  ver que nuestra  única seguridad  se hallará  en apartarse de todo  pecado  e iniquidad.  Los que continúan  en el pecado se encontrarán entre  los  que son condenados  y perecen (Fe y obras,  p.  120).

Dios  lleva a los hombres  a los  lugares de prueba  para  ver si con• fiarán en un poder  más allá y por encima  de ellos  mismos.  Él  no mira como  el  hombre  mira.  A menudo  tiene que desmenuzar las relaciones humanas  y cambiar  el orden que el hombre ha planeado,  el cual es perfecto en la opinión del hombre. Lo que el hombre  piensa que es para su provecho  espiritual y temporal puede  estar enteramente en desacuerdo con la  experiencia  que él  debe  tener a fin de ser un seguidor  de Cristo. Su idea  de su propio  valor puede  estar muy descaminada …

El  carácter  tiene que  ser  probado,  de  lo  contrario  habría  muchos cristianos espurios que  mantendrían   una limpia apariencia de religión hasta que  sus inclinaciones,  sus deseos  para  hacer  su propia  voluntad, su orgullo  y ambición,  fueran contrariados.  Cuando,  por la autorización del Señor, les vienen pruebas agudas,  su falta de religión genuina, de la mansedumbre y humildad de Cristo,  los  muestra  necesitados  de la obra del  Espíritu  Santo …

El  cristiano  verdadero mantiene  su vista fija en aquel que escudriña el  corazón  y  examina  la  voluntad,  que  requiere   integridad  completa. Su oración  constante es: «Examíname, oh  Dios,  y conoce  mi corazón; pruébame y conoce   mis  pensamientos;  y  ve  si  hay  en  mí  camino   de perversidad,  y  guíame   en  el  camino   eterno».  Salmo   139:23,24  (In Heavenly Places,  p.  266;  parcialmente  en  En los lugares celestiales, p.  268).

En la descripción  de la escena del juicio,  cuando  los justos reciben su recompensa,  y se pasa  sentencia  sobre  los  malvados,  se representa  a los justos preguntándose qué  han hecho  para  merecer  tal recompensa. Pero abrigaron  una constante fe en Cristo.  En ellos moraba  su Espíritu, y realizaron  espontáneamente para Cristo,  en la persona  de sus  santos, aquellos   servicios  que  producen   una  recompensa segura.  Pero  nunca tuvieron  el propósito  de trabajar con el fin de recibir  una compensación. Consideraron que  su  más  alto  honor  consistía  en trabajar  como  Cristo lo  había hecho.  Lo que  hicieron  fue llevado  a cabo por amor  a Cristo  y a sus semejantes, y Aquel que se había  identificado con  la  humanidad sufriente  consideró  estos  actos de amor  y compasión  como  si  hubieran sido hechos  para él  (Exaltad a Jesús, p.  337).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2024.
1er. Trimestre 2024 «EL LIBRO DE SALMOS»
Lección 03: «EL SEÑOR REINA»
Colaboradores: Jeser Alejandro Tique y Esther Jiménez

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