miércoles , 1 abril 2026
Devocional Vespertino 2025

«DIOS CON NOSOTROS»

EL REY DE LA GRACIA Y SUS SÚBDITOS

«Le pondrás por nombre Emanuel, que significa: «Dios está con nosotros»».

Mateo 1: 23, RVC

Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era «la imagen de Dios», la imagen de su grandeza y majestad, «el resplandor de su gloria». Vino a nuestro mundo para manifestar esa gloria. Vino a esta tierra oscurecida por el pecado para revelarla luz del amor de Dios, para ser Dios con nosotros».

Nuestro pequeño mundo es un libro de texto para el universo. El maravilloso y misericordioso propósito de Dios, el misterio del amor redentor, es el tema en el cual «desean mirar los ángeles», y será su estudio a través de los siglos sin fin. Tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallarán en la cruz de Cristo su ciencia y su canción. Se verá que la gloria que resplandece en el rostro de Jesús es la gloria del amor abnegado. A la luz del Calvario, se verá que la ley del renunciamiento por amor es la ley de la vida para la tierra y el cielo; que el amor que «no busca lo suyo» tiene su fuente en el corazón de Dios.

Jesús podría haber permanecido al lado del Padre. Podría haber conservado la gloria del cielo y el homenaje de los ángeles. Pero prefirió devolver el cetro a las manos del Padre, y bajar del trono del universo, a fin de traer luz a los que estaban en tinieblas, y vida a los que perecían.

Este gran propósito había sido anunciado por medio de figuras y símbolos. La zarza ardiente, en la cual Cristo apareció a Moisés, revelaba a Dios. El Dios que es todo misericordia velaba su gloria en una figura muy humilde, a fin de que Moisés pudiese mirarla y sobrevivir. Así también en la columna de nube de día y la columna de fuego de noche, Dios se comunicaba con Israel, les revelaba su voluntad a los hombres, y les impartía su gracia. La gloria de Dios estaba suavizada, y velada su majestad, a fin de que la débil visión de los seres humanos finitos pudiese contemplarla. Así Cristo había de venir en «el cuerpo de nuestra bajeza» (Fil. 3: 21), «hecho semejante a los hombres».  Su gloria estaba velada, su grandeza y majestad ocultas, a fin que pudiese acercarse a los seres humanos entristecidos y tentados.— El Deseado de todas las gentes, cap. 1, pp. 11, 12,

 

Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García

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