«No me he sentado con hombres hipócritas, ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté». Salmo 26: 4, 5, RV60
DAVID TUVO MUCHO CUIDADO al escoger sus compañías. Si se topaba con lodo en el camino, lo esquivaba; si le hacían ofrecimientos de gran rendimiento, los rechazaba: «No me junto con gente tramposa ni ando con gente mala y perversa. iNo soporto cerca de mí a gente que no es sincera!» (Salmo 26: 4, 5, TLA).
Lo malo es fácil de adoptar, pero lo bueno requiere esfuerzo. La compañía más peligrosa es la de los hipócritas. Tales malhechores aparentan ser amigos de aquellos a quienes quieren enredar en sus trampas. Aunque a veces no podamos evitar la compañía de los malos, procuremos no juntarnos con ellos aborreciendo sus reuniones. Así como los buenos se estimulan mutuamente a ser mejores cuando se unen y están de acuerdo, los malos, cuando se reúnen, se hacen peores y cometen peores fechorías.
David dijo: «Yo andaré en integridad; redímeme y ten misericordia de mí. Mi pie ha estado en rectitud; en las congregaciones bendeciré a Jehová» (Salmo 26: I l, 12). Y Salomón nos aconsejó: «Hijo mío, si los pecadores intentan engañarte, no lo consientas [. . . j. No vayas en el camino con ellos, sino aparta tu pie de sus veredas, porque sus pies corren hacia el mal» (Proverbios l: 10, 15, 16).
Una prueba de integridad es evitar las malas compañías. Elena G. de White nos dice: «Aunque no os sintáis capaces de hablar una palabra a los que obran según principios errados, dejadlos. Vuestra separación y silencio pueden hacer más que las palabras. Nehemías se negó a relacionarse con los que eran desleales a los principios, y no permitía que sus ayudantes se relacionaran con ellos. El amor y el temor de Dios fueron su salvaguardia. Vivió y trabajó como si hubiera visto el mundo invisible. Y David dijo: «A Jehová he puesto siempre delante de me. Atreveos a ser como Daniel. Atreveos a estar firmes, aunque seáis los únicos» (Review and Herald, 5 de septiembre de 1899).
El mal siempre estará acechando a los fieles, por eso, reflexionemos: «Amado, no imites lo malo sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios» (3 Juan ll).
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez
