«Ama al Señor con ternura, y él cumplirá tus deseos más profundos». Salmo 37: 4

Hacia finales del año 1986 me gradué y a principios del año siguiente inicié mi ministerio. Seguía presentándole al Señor mi petición especial. Durante unos diez años seguí orando mientras servía como pastor en varios distritos. Al mismo tiempo seguí dedicando tiempo en las madrugadas a estudiar, pensando que algún día el Señor me permitiría servirle en la docencia.
Un día, hacia finales de 1997, recibí una llamada telefónica. Necesitaban un maestro suplente en la Escuela de Teología y me preguntaron si quería ir, el resto es historia. Hoy sirvo como profesor de Teología y enseño a nivel de pregrado y postgrado.
¿Estás dispuesto a orar? ¿Cuánto tiempo? ¿Te quedarás quieto o harás lo que esté a tu alcance mientras oras? Tal vez no tengas que orar durante quince o veinte años mientras esperas la respuesta del Señor. Puede que sea menos; conozco a otros que han orado durante más tiempo. ¿Crees que el Señor prueba nuestra paciencia con la oración? La oración no cambia a Dios ni tuerce su brazo, la oración nos cambia a nosotros y le permite al Señor obrar en nuestro favor.
Durante todos esos años en ningún momento pensamos que el Señor nos decía que no. El día que pensé que toda esa espera implicaba un «no», ese mismo día llegó el «sí». El texto nos dice «ama al Señor con ternura». Aprendamos a amar al Señor con ternura. Contemplemos lo que él hizo por nosotros en la cruz del Calvario• Meditemos en la forma como él nos ha guiado en el pasado. Reflexionemos en su amor y su paciencia con nosotros.
Reconozcamos que sus planes para nosotros son, por mucho, mejores que los nuestros.
Emmer Chacón
Venezuela
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2018
“365 vivencias de jóvenes como tu
Por: Al Richard Powel, Jorge L. Rodríguez