«Beber vino o bebidas embriagantes te lleva a blasfemar y a causar alborotos. No es de sabios errar por su culpa».
Proverbios 20: 1, RVC
Nunca habrían cometido Nadab y Abiú su fatal pecado, si antes no se hubieran intoxicado parcialmente bebiendo mucho vino. Sabían que era necesario hacer la preparación más cuidadosa y solemne antes de presentarse en el santuario donde se manifestaba la presencia divina; pero debido a su intemperancia se habían descalificado para ejercer su santo oficio. Su mente se confundió y se embotaron sus percepciones morales, de tal manera que no pudieron discernir la diferencia que había entre lo sagrado y lo común. A Aarón y a sus hijos sobrevivientes, se les dio la amonestación: «Ni tú ni tus hijos deben beber vino ni licor cuando entren en la tienda de reunión, pues de lo contrario morirán. Este es un estatuto perpetuo para tus descendientes, para que puedan distinguir entre lo santo y lo profano, y entre lo puro y lo impuro, puedan también enseñar a los israelitas todos los estatutos que el Señor les ha a conocer por medio de Moisés>> (Lev. 10:9-11, NVI). El consumo de bebidas alcohólicas debilita el cuerpo, confunde la mente y degrada las facultades morales. Impide a personas comprender la santidad de las cosas sagradas y el rigor de los mandamientos de Dios. Todos los que ocupaban puestos de responsabilidad sagrada debían ser personas estrictamente temperantes, para que tuvieran lucidez para diferenciar entre lo bueno y lo malo, firmeza de principios y sabiduría para administrar justicia y manifestar sericordia.
La misma obligación descansa sobre cada discípulo de Cristo. […] A la iglesia Cristo de todas las edades se le dirige esta solemne y terrible advertencia: «Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, ese templo son ustedes mismos» (1 Cor. 3: 17, DHH).— Patriarcas y profetas, cap. pp. 31 pp. 330, 331.
El caso de los hijos de Aarón ha sido registrado para beneficio del pueblo de Dios y debería enseñar a los que especialmente se están preparando para la segunda venida de Cristo, que la complacencia de un apetito depravado destruye la sensibilidad alma, y afecta tanto a los poderes de raciocinio que Dios nos ha dado, que las cosas espirituales y santas pierden su carácter sagrado. La desobediencia parece placentera en vez de excesivamente pecaminosa.— La temperancia, cap. 8, p. 127.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
