lunes , 21 septiembre 2026
Matinal Para Adultos 2020

DEL LAMENTO AL GOZO 

DEPRESIÓN 

«Has cambiado mi lamento en baile; me quitaste la ropo áspera y me vestiste de alegría. Por tanto, a ti cantare, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, ¡te alabare para siempre!» 

(Salmo 30: I l – 1 2). 

La Sagrada Escritura menciona la danza y el baile en una veintena de ocasiones. A veces, como actividad deplorable; otras, como manifestación de gozo y celebración; y aún otras como forma de adoración. Por ejemplo, en un extremo vemos a los israelitas danzando en torno al becerro de oro, actividad idólatra y abominable (Éxodo 32: 19). La hija de Herodías bailó para el goce sensual de Herodes y sus invitados (Mateo 14: 6), una actividad reprobada por Dios. En el otro extremo, observamos la danza como muestra de adoración, como cuando María, hermana de Aarón, danzó con una multitud de mujeres para dar gloria a Dios tras el paso del mar Rojo (Éxodo 15: 20); cuando el padre en la historia del hijo pródigo organizó la fiesta de regreso de su hijo con cantos y danzas (Lucas 15: 23-25); o cuando el salmista y el profeta Jeremías hablan de adorar a Dios con danza, pandero, arpa, cuerdas y flauta Salmo 149: 3; 150: 4; Jeremías 31: 4).

El texto de hoy muestra el baile como una manifestación de gozo interno que rebosa en actividad física. Sin embargo, los bailes modernos no denotan gozo, sino sensualidad, así que el seguidor de Cristo debe evitar este tipo de actividad.

La verdadera transformación del lamento al gozo ocurre por influencia del Espíritu Santo. Ese regocijo es independiente de las circunstancias, como lo observamos en los primeros cristianos que experimentaban alegría a pesar de las brutales persecuciones que sufrieron. Los vemos cuando «partiendo el pan en las casas comían juntos con alegría>> (Hechos 2: 46), también observamos a los gentiles de Antioquía, que se regocijaban en medio de la discriminación (Hechos 13: 48) o al carcelero de Filipos, que «se regocijaba con toda su casa de haber creído a Dios» (Hechos 16: 34) en momentos en los que estaba en riesgo su vida.

El versículo de hoy usa el contraste del llanto y la danza y muestra claramente a Dios como agente transformador para alcanzar la alegría a partir del llanto. Sí, Dios puede y quiere sacarnos de la tristeza, del desánimo y de la pesadumbre para que disfrutemos de la vida y estemos preparados para recibirle con gozo.

El Señor nos bendecirá si se lo permitimos. Entonces acabaremos diciendo con el salmista: «Listo está mi corazón, Dios, mi corazón está dispuesto; cantaré y entonaré salmos» (Salmo 57: 7).

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#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2020
«Buena Medicina es el Corazón Alegre»
Por: Julián Melgosa – Laura Fidanza.
Colaboradores: Ricardo Vela & Paty Solares

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