«Ustedes rechazaron mis consejos, se negaron a aceptar mi corrección». Proverbios 1: 25, PDT

Durante la noche se le apareció el Señor a Balaam y le dijo: «Si vinieron para llamarte estos hombres, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga>> (Núm. 22: 20). Hasta ese punto el Señor le permitiría a Balaam que hiciera su propia voluntad, ya que se empeñaba en ello. No procuraba hacer la voluntad de Dios, sino que decidía su conducta y luego se esforzaba por obtener la sanción del Señor.
Hoy son miles los que siguen una conducta parecida. No tendrían dificultad en comprender su deber, si este armonizara con sus inclinaciones. Lo hallan claramente expuesto en la Biblia, o lisa y llanamente indicado por las circunstancias y la razón. Pero, porque estas evidencias contrarían sus deseos e inclinaciones, con frecuencia las hacen a un lado y pretenden acudir a Dios para saber cuál es su deber. Aparentan tener una conciencia escrupulosa, y en fervientes y largas oraciones piden ser iluminados. Pero Dios no tolera que los seres humanos se burlen de él. A menudo permite a tales personas que sigan sus propios deseos y que sufran las consecuencias.
Cuando uno ve claramente su deber, no procura ir presuntuosamente a Dios para rogarle que lo exonere de cumplirlo. Más bien debe ir con espíritu humilde y sumiso, pedir fortaleza divina y sabiduría para hacer lo que le exige.— Patriarcas y profetas, cap. 40, pp. 416-418.
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Devocional Vespertino para 2024.
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Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García