«Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón».
Jeremías 29: 13, NVI
Muchos se apoyan en una esperanza supuesta, sin verdadero fundamento. La fuente no ha sido limpiada; por lo tanto los raudales que proceden de ella no son puros. Limpiemos la fuente y los raudales serán puros. Si el corazón está bien, nuestras palabras, nuestra indumentaria, nuestros hechos también lo estarán. Falta la verdadera piedad. No quisiera deshonrar a mi Maestro admitiendo siquiera que es cristiana una persona negligente, trivial y que no ora. No; el cristiano obtiene la victoria sobre los pecados que lo asedian y sobre sus pasiones. Hay un remedio para el alma enferma de pecado. Ese remedio está en Jesús. ¡Precioso Salvador! Su gracia basta para los más débiles; y los más fuertes deben recibir también su gracia o perecer. Vi cómo se puede obtener esta gracia. Vayamos a nuestra recámara, y allí a solas, supliquemos a Dios: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí» .(Sal. 51 : 10). Tengamos fervor y sinceridad. La oración ferviente es muy eficaz. Como Jacob, luchemos en oración. Agonicemos. En el huerto Jesús sudó grandes gotas de sangre; pero hemos de hacer un esfuerzo. No abandonemos nuestra recámara hasta que nos sintamos fuertes en Dios; luego velemos, y mientras velemos y oremos, podremos dominar los pecados que nos asedian, y la gracia de Dios podrá manifestarse en nosotros; y lo hará.
No permita Dios que yo deje de amonestarles. Jóvenes amigos, busquen al Señor de todo corazón. Acudan a él con celo, y cuando sientan sinceramente que sin la ayuda de Dios habrían de perecer, cuando le anhelen a él como el ciervo anhela las corrientes de agua, entonces el Señor los fortalecerá prestamente. Entonces nuestra paz sobrepujará todo entendimiento. Si esperamos la salvación, debemos orar. Roguemos a Dios que obre en nosotros una reforma cabal, para que los frutos de su Espíritu moren en nosotros. Es privilegio de todo cristiano gozar de las profundas emociones del Espíritu de Dios. Una paz dulce y celestial invadirá la mente y nos deleitaremos en meditar en Dios y en el cielo. Nos regocijarán las gloriosas promesas de su Palabra. Pero sepamos primero que hemos iniciado la carrera cristiana. Sepamos que hemos dado los primeros pasos en el camino de la vida eterna.— Testimonios pata la iglesia, t. 1, pp. 148, 149.
SOLO POR GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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