<<Para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifiesto Jesucristo>>. 1 Pedro 1: 7
EL SÍNDROME DEL GUSANO es algo terrible que destruye a mucha gente. En la Biblia existen algunos versículos, como Salmo 22:6: <<Pero yo soy gusano y no hombre>>, e Isaías 41: 14: <<¡No temas, gusanillo de Jacob…!>>, que algunas personas utilizan para probar que <<el hombre no vale nada>> y para justificar la autoimagen completamente negativa que acarrean por la vida.
Es verdad que cuando el ser humano se separa de Dios y cae en el pecado, se vuelve egoísta y se encuentra dominado por la naturaleza pecaminosa. También es verdad que mientras el ser humano no comprenda que con esa naturaleza es imposible amar a Dios, nunca reconocerá su necesidad de un Salvador. El espíritu de profecía dice: <<El verdadero amor por Jesús jamás habitar en el corazón de quien abriga justicia propia. En cuanto no percibamos nuestra propia deformidad, tampoco percibiéremos la belleza del carácter de Jesús. Cuando nos volvamos conscientes de nuestra propia pecaminosidad, solo entonces apreciaremos al Maestro. Cuanto más humilde sea la opinión que tengamos de nosotros mismos, más claramente veremos el carácter inmaculado de Jesús… Si no vemos el agudo contraste que existe entre Cristo y nosotros, es porque no nos conocemos. Quien no se aborrece a sí mismo, no puede comprender el significado de la redención>>. (Review and Herald, 25 de septiembre de 1990).
Como cristianos debemos tener un concepto equilibrado de nuestro valor, que solamente Jesús es capaz de colocar en el fondo de nuestro ser. No existe bien alguno en nosotros,; somos criaturas dependientes de Dios, con una naturaleza pecaminosa y egoísta que procura sus propios intereses. Pero con todo, somos el objeto de mayor valor que Dios tiene en este mundo.
De otra manera no hubiera enviado a su Hijo unigénito para dar su vida y morir como un marginal en la cruz del Calvario.
El versículo de hoy presenta un contraste entre los valores humanos y los valores divinos. Para el hombre no existe en este mundo nada que sea más valioso que el oro. Los hombres son capaces de todo con tal de conseguir un poco de oro, pero Dios dice por medio de Pedro que la fe de sus hijos es más preciosa que el oro. No existe nada más valioso para Dios que el ser humano. Cuando este, reconociendo que no tiene valor en sí mismo, cae arrepentido a los pies de Cristo, y por la comunión diaria con Cristo aprende a depositar en él toda sus confianza, esa fe es motivo de orgullo santo por parte de Padre delante del universo.
Cuando tú, por algún motivo ese esta vida, te sientas tentado a pensar que no vales nada, por favor, levanta los ojos hacia la cruz de Cristo y responde al enemigo lo siguiente: <<Por mí mismo no soy nada, pero Jesús murió por mi. Yo creo en su amor, y ahora soy un príncipe y heredero al trono>>.
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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por: Alejandro Bullón
