¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Son más dulces que la miel a mi
boca! Salmo 119: l03, NVI.
Tuve el privilegio de nacer en una familia adventista, y le entregué mi vida a Dios de jovencita. Busqué servirlo de diferentes maneras, especialmente cantando, pero proseguí buscando formas de servir a Dios de manera más profunda.
De joven aprendí a vender miel. Casi todos en el pueblo me conocían como «la chica de la miel», y tenia muchos clientes. La mayoría de ellos sabían que soy cristiana, porque a menudo compartía la Palabra de Dios con ellos. Me gustaba leer Génesis 2 y contarles de las bendiciones del sábado. Había aprendido que cuando guardaba el sábado como día santo, y esperaba al final de él para comenzar las labores de una nueva semana, constantemente recibía dobles bendiciones.
Luego de muchos años, Dios me llamó a servirlo en el ministerio de las publicaciones. No tenía idea de cómo hacer este trabajo, pero quería aprender. Naturalmente, comencé compartiendo mis libros con los clientes que me solían comprar miel, y muchos mostraron interés. ¡Han descubierto que ahora tengo algo más dulce que la miel para ofrecerles! Y de hecho, muchos me han comprado libros. Mis clientes me dicen que las publicaciones que les llevo los anima espiritualmente. Algunos de mis contactos ya están asistiendo a la iglesia; otros todavía no tomaron esa decisión, pero todos aprecian los libros y las revistas.
En realidad, Dios ha multiplicado mis bendiciones. Solo he sido una colportora por un año y estoy ganando más que cuando vendía miel. Le agradezco al Señor por abrir mis ojos a este sagrado trabajo y sus beneficios, tanto espirituales como terrenales.
Hace poco compartí la Palabra con tres muchachos y una chica, y hoy los cuatro son bautizados en la Iglesia Adventista, y continúan leyendo fielmente nuestros libros para crecer en el Señor.
Estoy muy agradecida a Dios por guiarme a este ministerio y por los líderes que me entrenaron para hacer este trabajo. Oro continuamente para que las personas que compran estos libros los lean y descubran la «miel” que contienen: la dulzura del mensaje de salvación para todo aquel que cree en el Señor Jesucristo.
Judith Ribora Nzabonidipa, República Democrática del Congo
Tomado de: Meditaciones Matinales para Colportores 2015
Encuentros con la gracia de Dios
