«Pasó Jesús de allí y fue junto al Mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Se le acercó mucha gente que traía consigo cojos, ciegos, mudos, mancos y otros muchos enfermos. Los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó». Mateo 15:29-30
¿DE DÓNDE SALIÓ TODA ESA GENTE de la cual habla nuestro texto de hoy? Si leemos el pasaje paralelo en Marcos 7:31, ahí se dice que el Señor Jesús, al regresar de Tiro, «vino por Sidón al Mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis» (Mar. 7:31). Decápolis era una especie de confederación de diez ciudades, habitada mayormente por griegos, donde Jesús había sanado meses antes a dos endemoniados gadarenos (ver Mat. 8:28-34). ¿Podría ser que la misma gente que expulsó a Jesús de sus contornos ahora trajera a sus enfermos para que los sanara?
Lo que más sorprende de este relato es que esa multitud -integrada por unos cuatro mil hombres, más las mujeres y los niños- permaneció durante tres días escuchando las enseñanzas de Jesús. ¿Cómo podían ser tan receptivos a sus enseñanzas?
La explicación está en la obra que los dos endemoniados realizaron después de haber sido sanados por Jesús. El Señor les encargó ir a casa y contar las grandes cosas que Dios había hecho por ellos, con el resultado de que quienes los escucharon «se maravillaron» (Mar. 5: 20). «En la región de Decápolis -dice El Deseado de todas las gentes- era donde los endemoniados de Gadara habían sido sanados. Allí la gente, alarmada por la destrucción de los cerdos, había obligado a Jesús a apartarse de entre ella, pero había escuchado a los mensajeros que él dejara atrás, y se había despertado el deseo de verle» (cap. 44, p. 377; énfasis añadido).
¡Qué cosa más interesante! Jesús uso como sus emisarios a dos hombres que habían estado bajo el completo dominio de Satanás. Y ellos cumplieron tan bien su misión que, «cuando Jesús volvió a Decápolis, unos nueve o diez meses más tarde, miles acudieron para verlo y oírlo». El resultado fue «que la multitud se maravillaba al ver que los mudos hablaban, los mancos quedaban sanos, los cojos andaban y los ciegos veían. Y glorificaban al Dios de Israel» (Mat. 15: 31). Después vendría el milagro de la multiplicación de los siete panes para alimentar a toda esa multitud (ver Mat. 15: 32-39; Mar. 8: 1-10), pero ya el primer gran milagro se había producido: el milagro de que Dios puede usar para la gloria de su nombre a seres humanos pecadores -no importa cuán bajo hayan caído- ¡incluyéndote a ti y a mí!
Amado Jesús, gracias por el perdón de mis pecados, y sobre todo gracias por el privilegio que das de poder contar a otros las maravillas que has hecho en mi vida.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2022
«NUESTRO MARAVILLOSO DIOS»
Por: FERNANDO ZABALA
Colaboradores: Silvia García & Isaí Cedano
