lunes , 27 abril 2026
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Lección de Menores 2024

DAVID ENFRENTA A GOLIAT

 

VERSÍCULO PÁRA MEMORIZAR

«Tú eres mi protector, mi lugar de refugio, mi  libertador, mi Dios, la roca que me protege, mi escudo, el poder que me salva, mi más alto escondite» (Salmo 18: 2).

MENSAJE

Dios es nuestro campeón; él gana la victoria por nosotros.

REFERENCIA

1 Samuel  17; Patriarcas y profetas, cap.  63, pp.  631-636.

Piensa en una ocasión en que te enviaron con un encargo especial. ¿Era algo que tenías ganas de hacer, o era algo que te causaba temor? ¿Se convirtió esa ocasión en algo muy diferente de lo que debía ser? En la historia de hoy, un muchacho  fue enviado a hacer un mandado  que se convirtió en una batalla. 

El joven David llegó a la cumbre de una colina y desde  allí vio el campamento del ejército  de Israel. Su padre lo había  enviado con  provisiones  para  sus tres hermanos mayores, que  habían permanecido acampados durante tres semanas. El padre deseaba saber  cómo  se encontraban.

Cuando David llegó al campamento, preguntó a un soldado qué  sucedía.  Este le informó  de que  había movimiento en las filas de los filisteos, sus enemigos, por lo que  los soldados israelitas se estaban preparando para  el ataque. David miró preocupado a sus hermanos.

Cuando su hermano Eliab lo vio, le preguntó irritado  qué  estaba haciendo allí. Antes de que  David pudiera contestar, se produjo un gran  silencio en el lugar.  David vio que  de entre las filas de los filisteos avanzaba un gigante. Estaba protegido por un casco  y una  coraza.  Iba armado con la lanza más grande que David hubiera visto. También llevaba una  enorme espada.

—¿Quién  es ese? —preguntó

David asombrado.

—Ese es el gigante Goliat

—contestó un soldado atemorizado.

—¡Envíen! a un hombre a pelear conmigo, cobardes! —tronó Goliat—. Si su hombre gana, los filisteos serán  sus siervos. Pero si yo gano, los israelitas serán  nuestros servidores.

David esperó que  alguien  aceptara el desafío.  Pero nadie  se movió.  El silencio hizo que  Goliat gritara  con  más fuerza sacudiendo su enorme lanza:

—¡Escuchen,  cobardes! ¡Maldito  sea el Dios de Saúl e Israel!

—¿Por qué  tenemos que  dejar que hable  de ese modo? —exclamó David dirigiéndose a sus hermanos—. ¡No podemos permitir  que  desafíe  a nuestro Dios! ¿Qué  les pasa  a todos?

¿Le tienen miedo  al gigante?

Alguien comunicó al rey Saúl los comentarios de David, quien  lo mandó a buscar  y le pidió  explicaciones.

—No entiendo —dijo David valerosamente— por qué  nadie  tiene  valor suficiente  para  pelear  con  ese filisteo.

Saúl quiso  dar una  explicación, pero no la encontró. De pronto David supo  lo que  debía  hacer.

—Si nadie  quiere  pelear  —dijo con  decisión—,  ¡yo lo haré!

—¿Tú? ¡Eres solo un muchacho! —objetó Saúl—. No sabes  nada sobre  las técnicas  de la batalla.  En cambio Goliat ha sido entrenado desde  niño.

—Es verdad, rey Saúl. Pero Dios peleará  y ganará la batalla  en mi lugar.  Una vez un oso, y otra  vez un león,  atacaron mis ovejas, Dios me dio la fuerza necesaria y los maté. Sé que  hoy hará  lo mismo.

El Rey le dijo que  le daría permiso para  enfrentarse con Goliat, pero  tenía  que  ponerse su armadura. David se la puso,  pero apenas podía  moverse con  ella. Le dijo al Rey que  iría a la batalla  sin ella. De modo que  tomó su báculo de pastor  y se dirigió hacia  el valle —Dios, esta batalla  es tuya  —oró David.

Cuando llegó a un arroyo  recogió  cinco  piedras  lisas y las echó  en el zurrón  de pastor  que  traía consigo.

Goliat observó  a David que  se aproximaba, y comprendió que  no era un soldado el que  iba a pelear  con  él, sino un muchacho.

—¿Acaso crees que  soy un perro  que  vienes a mí con  palos? —bramó Goliat levantando la visera de su casco.

—Tú vienes a pelear  conmigo con  espada, lanza y jabalina;  mas yo vengo  a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos,  el Dios de los escuadrones de Israel —dijo David con  voz clara y fuerte.

David tomó rápidamente una  piedra de su bolsa y la puso  en su honda. Goliat, en un arranque de rabia,  se lanzó al encuentro de su retador. David hizo girar su honda con velocidad y de pronto lanzó la piedra  en dirección  a la cabeza del gigante. La piedra  avanzó con  fuerza y dio en el blanco en medio  de la frente  de Goliat. El filisteo vaciló un momento y luego cayó de bruces  en tierra.  Se produjo un profundo silencio en el valle. David sabía que  todos lo miraban.

Los filisteos huyeron aterrorizados. Goliat, su héroe  y campeón, había  sido abatido.

Los soldados israelitas lanzaron gritos  de victoria.  Había terminado la batalla.  Ahora Israel tenía  un campeón más famoso  que  Goliat. Dios había  ganado la victoria por ellos.

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Lección de Escuela Sabática para Primarios 1er. Trimestre 2024
Lección: # 02 «DAVID ENFRENTA A GOLIAT»
Colaboradores: Kirsi Pérez y Esther Jiménez

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