La Palabra de Dios no solo establece los grandes principios de la verdad y el deber que deben gobernar nuestra vida, sino que también presenta, para nuestro ánimo, la historia de muchos que han ejemplificado tales principios… Fuera del Modelo perfecto, en las páginas sagradas no figura un personaje más digno de admiración que el profeta Daniel. Estando expuesto en su juventud a todos los engaños de la corte real, se convirtió en un hombre de integridad inconmovible y de ferviente devoción a Dios. Estuvo sujeto a las fieras tentaciones de Satanás; Sin embargo, no vaciló, y tampoco cambió su conducta. Fue firme donde muchos habrían cedido; fue verdadero donde ellos habrían sido falsos; fue fuerte donde ellos habrían sido débiles. Daniel fue un alto cedro del Líbano… Ojalá que la fe, la integridad, y la devoción del profeta Daniel pudieran vivir en los corazones del pueblo de Dios de hoy. Nunca se necesitaron tanto como ahora esas nobles cualidades…
En la historia de aquellos que han obrado y sufrido por el nombre de Jesús, no hay ninguno que brille con un esplendor más puro y refulgente que el nombre de Pablo, el apóstol a los gentiles. El amor de Jesús, brillando en su corazón, lo hizo olvidarse de sí mismo y ser abnegado. Había visto al Cristo resucitado, y la imagen del Salvador se había impreso en su alma y brillaba en su vida. Con fe, valor y fortaleza, para no ser amedrentado por el peligro o retrasado por los obstáculos, anduvo de un país a otro difundiendo el conocimiento de la cruz…
¿Están los profesos seguidores de Cristo ejemplificando de esta manera los principios de su fe? ¿Dónde están las profundas, vivientes y santas experiencias que los hombres de Dios solían contar? ¿Se ha rebajado la norma del cristianismo?…No; esa norma permanece donde Dios la puso. Los hombres santos de épocas pasadas debieron abandonarlo todo por Cristo, para fomentar su espíritu e imitar su ejemplo. Él no aceptará nada menos que esto ahora. Cuando seamos llamados a darlo todo por Cristo, ¿quién soportará la prueba? (Nuestra elevada vocación, 31 de agosto, p. 251).
Los amados de Dios pasarán días penosos, encadenados, encerrados en cárceles, sentenciados a muerte, algunos abandonados adrede para morir de hambre y sed en sombríos y repugnantes calabozos… Ninguna mano humana se adelantará a socorrerlos.
¿Olvidará el Señor a su pueblo en esa hora de prueba? ¿Olvidó acaso al fiel Noé cuando sus juicios cayeron sobre el mundo antediluviano? ¿Olvidó acaso a Lot cuando cayó fuego del cielo para consumir las ciudades de la llanura? ¿Se olvidó… de Elías cuando el juramento de Jezabel le amenazaba con la suerte de los profetas de Baal? ¿Se olvidó de Jeremías en el oscuro y húmedo pozo en donde había sido echado? ¿Se olvidó acaso de los tres jóvenes en el horno ardiente o de Daniel en el foso de los leones?…
Aunque los enemigos los arrojen a la cárcel, las paredes de los calabozos no pueden interceptar la comunicación entre sus almas y Cristo. Aquel que conoce todas sus debilidades, que ve todas sus pruebas, está por encima de todos los poderes de la tierra; y acudirán ángeles a sus celdas solitarias, trayéndoles luz y paz del cielo (Conflicto y valor, 29 de diciembre, p. 369).
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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECIA»
Lección 02 «EL LLAMADO DE UN PROFETA»
Colaboradores: Felipe Torres y Esther Jiménez
