2 Reyes 20: 1-11; Isaías 38: 1-8
«»Te ruego, Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado fielmente delante de ti y con corazón Íntegro que he hecho las cosas que te agradan». Y Ezequías lloró amargamente».
2 Reyes 20: 3
EL rey Ezequías se vio repentinamente aquejado de una enfermedad fatal. Estaba «enfermo de muerte» y humanamente no había remedio para su caso. Parecía perdido el último vestigio de esperanza cuando el profeta Isaías se presentó ante él con el mensaje: «Esto dice Jehová: «Ordena los asuntos de tu casa, porque vas a morir. Ya no vivirás»» Isa. 38: 1.
La perspectiva parecía sombría en absoluto y, sin embargo, podía el rey orar a Aquel que había sido hasta entonces su «amparo y fortaleza», su «pronto auxilio en las tribulaciones» Sal. 46: 1. Así que «volvió Ezequías su rostro a la pared e hizo oración a Jehová…» Isa. 38: 2.
Aquel cuya «compasión jamás se agota» (Lam. 3: 22, NVI), oyó la oración de su siervo. «Y antes que Isaías saliera hasta la mitad del patio, le habló Jehová a Isaías y le dijo: «Vuelve, y dile a Ezequías, príncipe de mi pueblo: ‘Así dice Jehová, el Dios de David, tu padre: He oído tu oración, he visto tus lágrimas y voy a sanarte»[…]». El profeta volvió gozosamente con palabras de promesa y de esperanza. Ordenó que se pusiera una masa de higos sobre la parte enferma, y comunicó al rey el mensaje referente a la misericordia de Dios y su cuidado protector.- Profetas y reyes, cap. 29, pp. 229, 230.
Los que buscan la salud por medio de la oración no deben dejar de hacer uso de los remedios puestos a su alcance. Hacer uso de los agentes curativos que Dios ha suministrado para aliviar el dolor y para ayudar a la naturaleza en su obra restauradora no es negar nuestra fe.[…] El Señor nos ha facultado para que conozcamos las leyes de la vida. Este conocimiento ha sido puesto a nuestro alcance para que lo usemos. Debemos aprovechar todos los recursos para la restauración de la salud, sacando todas las ventajas posibles y trabajando en armonía con las leyes naturales. Cuando hemos orado por la curación del enfermo, podemos trabajar con energía tanto mayor, dando gracias a Dios por el privilegio de cooperar con él y pidiéndole que bendiga los medios de curación que él mismo dispuso.
– El ministerio de curación, cap. 16, P 1 SO.
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Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
