El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado está para librarlos» (Sal. 34:7).
Era muy temprano por la mañana del último día de julio de 2007, cuando cuatro ladrones armados con cuchillos largos me despertaron abruptamente. Ya habían atado y amordazado a mi esposo, para que no pudiera moverse o emitir sonido. Le dijeron que si se movía, lo matarían.
Al darme cuenta de que estaba en una situación de asalto y robo, me sentí aterrorizada. Habían cortado las líneas de teléfono y ya habían empacado todos los aparatos electrónicos que habían encontrado. Estaban listos para irse; con excepción de una cosa: demandaban dinero, nuestros teléfonos celulares y las llaves del auto.
Comencé a orar, y les conté a los dos que me vigilaban sobre el Dios a quien sirvo. Le pregunté a uno de ellos sobre la iglesia. Tuvimos una conversación, pero todas sus respuestas fueron negativas. Sin embargo, luego de recibir las llaves del auto, uno de los ladrones dijo que devolverían el auto. (Lo hicieron, aunque no donde dijo que lo dejaría.) También nos mostró unas sogas y dijo que las usaría para atarnos, pero tampoco lo hicieron. Sin embargo, sí nos encerraron en el baño luego de que les di las llaves de la puerta del baño. Entonces se fueron con su botín. Luego de discutir con uno de ellos durante unos pocos minutos, su último comentario fue: «Ore por mí».
No podíamos salir del baño sin una llave, y los ladrones se habían llevado la llave junto con la del auto y nuestros teléfonos celulares. Afortunadamente, yo guardaba la llave del piano de cola en el antebaño e intenté abrir la puerta con esa llave. Para mi sorpresa, funcionó: jestábamos libres! Nuevamente, hubo una provisión para que escapáramos y, aunque pensábamos que habían cortado todas las líneas telefónicas, descubrimos que una de ellas permanecía intacta. Desde esa línea, que Dios había preservado, pude llamar a la policía y a mi pastor. Ambos acudieron rápidamente.
Confía en Dios. Él escucha y responde nuestras oraciones. Mientras nosotros hablamos, él responde.
Los ladrones se fueron sin lastimarnos. Finalmente, recuperamos el auto pero no los numerosos aparatos electrónicos. Pero, alabado sea Dios, no perdimos la vida. Esto tuvo que haber sido una intervención angélica y agradecemos a Dios por ello. iEs muy bueno mantener el contacto con él!
ETHLVN THOMPSON
vive en Jamaica y esta jubilada
#MatinalDeDamas
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida”
