“El que no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas”? Romanos 8:32
Hace muchos años, un obrero común juntó el dinero suficiente para hacer un viaje en un crucero. Invirtió casi todos sus ahorros en la compra del pasaje. El hombre pensó que lo que le quedaba no le alcanzaría para comer en el comedor de la nave, de modo que decidió comprar algo de queso y galletitas antes de partir.
Durante los primeros días, disfrutó de la magnífica vista del océano, se maravilló de los inolvidables atardeceres, y tomó sol a gusto junto a la piscina del barco. Pero pronto se cansó de las galletitas con queso. El aroma de los manjares servidos en el comedor y los comentarios de los pasajeros acerca de esas comidas tan deliciosas acabaron por vencerle. No pudiendo resistir ya la tentación, se acercó un día al administrador de la cocina y le preguntó cuánto costaban las comidas.
¿Me permite ver su pasaje? —preguntó el administrador; y luego de revisar el boleto, añadió con sorpresa:
—¿Nadie le dijo que las comidas estaban incluidas? Son parte del paquete vacacional.
El pobre hombre no había disfrutado de sus privilegios. Tal como él, muchos cristianos viven sin gozar de sus privilegios. se sienten culpables, inseguros y temerosos; pero el Señor nos ofrece mucho más que eso. El apóstol Pablo describe los “privilegios cristianos” en función de cuatro cosas de las que el cristiano carece.
En Cristo no hay condenación. En Romanos 8:1, el apóstol declara que “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. En Jesús, toda condenación desaparece. En Cristo somos absueltos, perdonados y liberados de la culpa del pecado.
En Cristo no hay esclavitud. En Romanos 8:15, el apóstol dice: “Porque no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor”. Como cristianos, puede que fallemos o que fracasemos, pero ya no vivimos esclavizados por el pecado. Cristo ha roto sus cadenas, nos ha librado de su poder. En Cristo no hay derrota definitiva. En Romanos 8:28, el apóstol lo explica así: “Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien’. Como cristianos, nuestras vidas no están a merced del enemigo. No somos como hojas llevadas sin rumbo por la brisa otoñal. Dios está al control y hará que todo sirva para bien.
En Cristo no hay separación. En Romanos 8:35, el apóstol pregunta: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”, y a continuación da una lista de todo lo que no puede hacerlo: tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada en Cristo, la culpa y la esclavitud se desvanecen por igual, por su gracia todas las cosas obran para bien y nada ni nadie puede separarnos de su amor.
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Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME »
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal & Paty Solares
