No piensan en convertirse a Dios, pues en medio de ellos hay un espíritu de fornicación y no conocen a Jehová.
Oseas 5: 4
¿Pensaste alguna vez si hubo un tiempo en que la inmoralidad y la licencia imperasen como en nuestros días? Bueno, meditemos en la época en que vivió el profeta Oseas. En ese tiempo la adoración de la criatura había desalojado la adoración al Creador, y cuando eso sucede, cuando el ser humano y lo que él puede hacer llegan a ser el centro de la atención, entonces tiene lugar una religión de exterioridades. En los días de Oseas, nadie, o casi nadie, obedecía al Dios verdadero. Prevalecía la falta dw honestidad y la falsedad delante de Dios y de los hombres. Eran días de prosperidad material, pero de pobreza espiritual. Se pervertía la justicia, se oprimía a los pobres y se adulteraba en nombre de Dios, ya que habían mezclado el culto pagano con la verdadera adoración a Dios.
Ante ese cuadro Oseas dice, en el versículo de hoy, que todo eso sucede porque «no conocen a Jehová».
Si no conocían a Dios, ¿cómo pretendían servirlo? Si no lo conocían, ¿cómo le rendían culto? ¿Es posible servir a Dios y darle culto sin conocerlo? Bueno, la historia del pueblo de Israel en los días de Oseas nos demuestra que sí.
Cualquier culto, cualquier iglesia, cualquier mensaje que desvía del Dios verdadero los ojos del pueblo y de alguna forma trata de llamar la atención de los hombres a la criatura, al ser humano, a su comportamiento y a sus logros, da evidencia de que el conocimiento Dios está oscurecido, limitado o nulo, y más tarde o más temprano ese tipo de religión da lugar a un cristianismo hueco y de fachada.
¿Quiere decir que no debemos enseñar al pueblo cómo vestirse, cómo alimentarse y cómo comportarse? No, de ninguna manera. Lo que estoy diciendo es que debemos enseñarle a la gente cómo vestirse, cómo alimentarse y cómo comportarse mientras vive una vida de comunión diaria con Cristo.
Sólo enseñar normas de conducta, apenas es un asunto ético. Pero el cristianismo que Jesús vino a enseñar es más, mucho más, que un código moral de ética. Él vino a transformar vidas, crear nuevas criaturas, que después de transformadas sintieran alegría en vivir los principios eternos de su santa ley.
En el capítulo 7, versículo 8, Oseas llama «torta no volteada» al reino del norte. Aquí Dios usa una vez más al profeta para combatir la cáscara de religiosidad. Una torta no volteada queda cocida sólo de un lado, mientras que por dentro la masa está cruda. Dios no acepto eso. El quiere una torta cocida por dentro y, naturalmente, dorada por fuera. Dios se deleita en el buen comportamiento de su iglesia. Las buenas obras siempre son para alabanza de su nombre. Son una ofrenda agradable para Él, pero sólo cuando son el resultado de una vida interior de comunión diaria con Cristo.
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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por Alejandro Bullón
