«Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana»(Mat. 11:29, 30).
Cuando Elena G. de White tenía tu edad, la moda para las mujeres era tener una cintura de avispa. Una mujer sabía que había logrado la cima de la perfección si podía poner sus manos en su cintura y tocarse los dedos en ambos lados. Por supuesto, esta no es la forma en que Dios había creado las cinturas, así que se necesitaba algo de ingeniería mecánica para que un ser humano lograra tener la cintura de una avispa. El principal instrumento que se utilizaba para lograrlo era el corsé, que se reforzaba con hueso de ballena y se podía ajustar en la espalda con cintas, como una zapatilla con cordones.
Elena recuerda que visitó a una amiga que necesitaba ayuda para atarse el corsé «Até las cintas tan firmemente como pude, al punto que me sangraba la punta de los dedos», cuenta la señora White, «pero esto no la satisfizo, y declaró que yo no sabía atar. Llamó a una persona más fuerte, que también hizo lo mejor que pudo para apretar su cuerpo a la forma deseada. Pero ella la reprendió, diciéndole que ni lo había intentado. Hasta derramó lágrimas, Entonces se le ocurrió un plan que podría ofrecerle más firmeza: ató las cintas a los postes de la cama, y se retorció de un lado al otro, ganando un poquito con cada esfuerzo, mientras nosotras dos sosteníamos lo que ella había ganado».
Elena recuerda haber asistido a reuniones con esta amiga. La muchacha quedó profundamente conmovida, pero decidió no seguir a Cristo. Más adelante en la vida, Elena hizo esta observación sobre su amiga: «Ella pensaba que no podría llevar la cruz de Cristo; pero diariamente se imponía a sí misma una cruz diez veces más pesada que la que Cristo requiere que sus seguidores lleven por él». «Mi yugo es fácil, y ligera mi carga», dice Jesús.
En la cita de hoy, Elena G. de White resume sus pensamientos al decir. «Cuando los verdaderos seguidores de Cristo poseen la humildad y la mansedumbre de mente que siempre caracterizaron al divino Hijo de Dios, tienen contentamiento, paz y felicidad, y se elevan por encima de la esclavitud de la vida artificial», Kim
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
