«Ciertamente les aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo. Pero, si mucre, produce mucho fruto». Juan 12: 24, NVI
JOHN NEVIS ANDREWS DEDICÓ TODA SU VIDA a la predicación. Distribuyó la revista Signes des Temps [Señales de los tiempos] en varios territorios de Europa y, como resultado de ese esfuerzo, muchos se interesaron en el evangelio.
Pero no todo fue bueno. En Basilea, Mary enfermó gravemente de tuberculosis, la misma enfermedad que acabó con la vida de su madre. En ese tiempo se celebraría el Congreso de la Asociación General y la iglesia le pidió al pastor Andrews que asistiera y presentara un informe de la obra en Europa (durante esos tres años y medio, habían levantado once iglesias adventistas). Como Andrews solamente tenía un pasaje para él y no quería dejar sola a su hija, vendió su casa para pagar el pasaje de Mary y llevarla a Estados Unidos.
Cuando obtuvieron los recursos, ambos pudieron viajar. Pero tristemente, Mary falleció y el pastor tuvo que regresar solo a Europa. En esos días el pastor Andrews escribió en la Review and Herald: «Me da la impresión de estar aferrado a Dios con una mano adormecida. Es como si hiciera tanto frío, que ya del dolor no siento su mano. Pero todavía estoy aferrado a Dios». Antes de regresar, Elena G. de White le dijo: «Tuve una visión, y el Señor me dijo que tu esposa, tus dos hijos pequeños que murieron y Mary duermen en el Señor, pero los verás en el reino si te mantienes fiel hasta el fin». Este mensaje confortó el corazón de Andrews y le animó a regresar a Europa a continuar la obra junto con su hijo.
Andrews aprendió alemán, francés, italiano, hebreo y griego; y escribió en francés, alemán e italiano. Predicaba cuatro sermones diarios dondequiera que iba. Pero debido a su pobre alimentación también enfermó de tuberculosis. Cuando ya no pudo caminar, como había muchos candidatos para el bautismo, ungió a su hijo para que él bautizara en su lugar.
John N. Andrews murió en el campo misionero. La semilla del evangelio se esparció y la obra se consolidó en Europa. El testimonio de Andrews pone de manifiesto que vale la pena servir hasta el final de nuestra vida. Cuando el servicio marca la vida de un cristiano, llega a ser en un monumento de la verdad. David Livingstone dijo: «Las pruebas del servicio se llevan dentro». El servicio con sacrificio, devoción y entrega es aprobado por el Dios al que servimos. Hoy respondamos al llamado de Dios y dediquemos nuestra vida al servicio de su obra.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez
