«Den gracias al Señor por su amor, ¡por lo que hace en favor de los hombres!» (Salmo 107: 31).
Tras media semana a la deriva y con tan poco alimento, Harold Pamu se sentía débil. Era aún temprano en la tarde, pero decidió acostarse a dormir. Con los ojos cerrados, le dijo a Dios: «Señor, estoy agotado; creo que no puedo más. Agradezco tu bondad hasta aquí, pero ya no aguanto. Te confieso que ya no quiero estar aquí. Haz algo, por favor». Y se durmió.
Más tarde ese cuarto día de naufragio, se despertó. «¡Vaya, aquí sigo, Señor! Por lo visto, tú así deseas que sea». Y siguió mirando el mar, haciéndose preguntas: «¿Estoy lejos de la costa o de la ayuda? ¿Cuánto tiempo resistiré sin comida ni agua? ¿Habrá alguien buscándome? ¿Qué puedo hacer para sobrevivir? ¿Qué me espera si no soy rescatado? ¿Volveré a ver a mi familia y a mis amigos? ¿Hay un propósito en todo esto?» De pronto, vio lo que parecía una silueta a la distancia. «¿Qué es eso, Señor? ¿Será posible que…?»
Como puedes ver, el héroe no se desespera, sigue alabando a Dios aun ante las cosas que no puede entender, y confía en que el Señor sabe qué es lo mejor para él. ¿Confías tú así en Jesús?
Continuará…
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Liseth Orduz y Claudia Escamilla
