Y hubo una voz de los cielos que decía: «Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia». MATEO 3:17
Un profesor de una de nuestras universidades me dijo lo siguiente: «He trabajado con todas mis fuerzas durante muchos meses. Algunas veces me quedé trabajando hasta altas horas de la noche. Sacrifiqué mucho del tiempo que debí haber dedicado a mi familia. Di lo mejor de mí para cumplir con el proyecto que se me solicitó realizar. Después de tanto sacrificio y entrega, no recibí una sola palabra dé aprecio » .
¿Sientes que no eres apreciado? ¿Hace ya mucho tiempo que no escuchas una palabra de reconocimiento? ¿Se te hace difícil recordar cuándo fue la última vez que te dijeron que habías hecho un excelente trabajo? ¿Crees que necesitas un poco más de reconocimiento que recibes? Le preguntaron en cierta ocasión a un empleado cómo le iba en su trabajo. Prestamente respondió: » Supongo que bien, porque no me han dicho nada » .
Y si eres dirigente y tienes bajo tu dirección a otros, ¿desde cuándo no le dices ninguna palabra de reconocimiento o encomio a tu empleado? ¿Y qué tal te portas como esposo o como esposa? ¿Y cómo padre o como madre? ¿Felicitas a tus hijos por sus logros, por pequeños que sean? Para ellos es muy importante el reconocimiento o una palabra de elogio de parte de sus padres. Según los psicólogos, todo ser humano necesita al menos cuatro elogios diarios. Lo cierto es que todas las personas necesitamos afirmación. Los cumplidos, que siempre deben y pueden ser honestos, son de mucha ayuda, porque aumentan la autoestima para alcanzar una vida mejor. Es importante reconocer que cualquier tipo de estímulo hace que la persona se sjcnta viva. Son muy pocos los individuos que podrían pasar cuarenta y ocho horas sin ningún tipo de estímulo sintiendo que viven de forma plena. Sin embargo, hay quienes pasan prácticamente toda la vida, no solo sin una sola palabra de reconocimiento, sino heridos por la crítica y el desprecio. Hay mucho dolor y mucha infelicidad en la tierra. Mucho de ese dolor y de esa infelicidad se debe a la falta de estímulo de aquellos que están en posición de autoridad: padres, madres, maestros, autoridades civiles y administradores de empresas.
¿Tienes hijos? Recuerda cuando tus padres expresaban frente a otros lo orgullosos que se sentían de ti, y no escatimes los elogios a tus hijos. Estas palabras de Dios son un santo elogio para su Hijo Jesús: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia». Jesús vivió para agradar a su Padre, y este reconoció y elogió ese hecho. Haz lo mismo con tus hijos.
El cumplido de Dios es también para ti. Él te dice: «Eres mi hijo amado. En ti tengo complacencia. ¡Eres maravilloso! Estoy complacido de todos tus esfuerzos por agradarme. Sé que vives para servirme. Gracias».
#MatinalFamiliar
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Tomado de: Lecturas Devocionales Familiares 2020
«Siempre Gozosos: Experimentando el amor de Dios»
Por: Juan O Perla
Colaboradores: Augusto Palacios & Erika de la Cruz
