«Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para la iluminación del conocimiento dé la gloria de Dios en la faz de Jesucristo».
2 Corintios 4: 6
La gloria de Dios es su carácter. Mientras Moisés se encontraba en el monte intercediendo fervorosamente con Dios, oró: «Te ruego que me muestres tu gloria». En respuesta Dios declaró: «Yo haré pasar toda mi bondad delante de tu rostro y pronunciaré el nombre de Jehová delante de ti, pues tengo misericordia del que quiero tener misericordia, y soy clemente con quien quiero ser clemente» (Éxo. 33: 18, 19).
La gloria de Dios su carácter, fue revelada entonces: «Jehová pasó por delante de él, y exclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al malvado» (Éxo. 34: 6, 7).— The Signs of the Times, 3 de septiembre de 1902
Este carácter fue revelado por la vida de Cristo. Para que pudiera condenar al pecado con su propio ejemplo en la carne, tomó sobre sí la semejanza de la carne pecaminosa. Constantemente contempló el carácter de Dios; constantemente reveló ese carácter al mundo. Cristo desea que sus seguidores revelen en su vida ese mismo carácter.— A fin de conocerle, 5 de mayo, p. 133.
En su oración intercesora en favor de sus discípulos declaró: «La gloria [el carácter] que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado» (Juan 17: 22, 23).
Hoy continúa siendo su propósito purificar y santificar a su iglesia «en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha» (Efe. 5: 26, 27). Cristo no puede pedir al Padre que conceda a los que creen en él un don mayor que el carácter que él reveló. ¡Qué amplitud hay en su requerimiento! ¡Qué plenitud de gracia tiene el privilegio de recibir todo seguidor de Cristo.
¡Oh, si pudiéramos apreciar más plenamente el honor que Cristo nos confiere! Llevando su yugo y aprendiendo de él, llegamos a ser como él en aspiración, en mansedumbre y humildad, en fragancia de carácter.— The Signs of the Times, 3 de septiembre de 1902.
SOLO POR GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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