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Matinal Para Adultos 2018

Cristo recibido en gloria

«Eleven, puertas, sus dinteles; levántense, puertas antiguas, que va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es este Rey de la gloria? Es el Señor Todopoderoso; iél es el Rey de la gloria!». Salmo 24: 9-10, NVI

ESTE CANTO DEL SALMO 24 fue escrito por David cuando llevó el arca de Dios desde la casa de Obed Edom hasta la tienda que le había preparado en Jerusalén, la ciudad de David (2 Samuel 6: 12-23). Fue un acontecimiento solemne, de alabanzas, de regocijo, en el que pidió que las puertas de Jerusalén se abrieran de par en par ante la presencia del arca que contenía la gloria del Dios altísimo.

Las mismas palabras fueron repetidas cuando Cristo el rey de la gloria ascendió al cielo. Elena G. de White, menciona: «Todo el cielo estaba esperando para dar la bienvenida al Salvador a los atrios celestiales. Mientras ascendía, iba adelante, y la multitud de cautivos libertados en ocasión de su resurrección le seguía. La hueste celestial, con aclamaciones de alabanza y canto celestial, acompañaba al gozoso séquito. Al acercarse a la ciudad de Dios, la escolta de ángeles demanda: «Eleven, puertas, sus dinteles; levántense, puertas antiguas, que va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es este Rey de la gloria? Es el Señor Todopoderoso; iél es el Rey de la gloria!»» (El Deseado de todas las gentes, cap. 86, pp. 788-789).

Esas puertas que se mantenían cerradas, debían ser abiertas para Cristo: «Entonces los portales de la ciudad de Dios se abren de par en par, y la muchedumbre angélica entra por ellos en medio de una explosión de armonía triunfante. Allí está el trono, y en derredor el arco iris de la promesa. Allí están los querubines y los serafines. Los comandantes de las huestes angélicas, los hijos de Dios, los representantes de los mundos que nunca cayeron, están congregados. El concilio celestial delante del cual Lucifer había acusado a Dios y a su Hijo, los representantes de aquellos reinos sin pecado, sobre los cuales Satanás pensaba establecer su dominio, todos están allí para dar la bienvenida al Redentor. Sienten impaciencia por celebrar su triunfo y glorificar a su Rey» (ibíd., p. 789).

Dios es soberano y su dominio es universal. Los habitantes del universo, de toda clase y categoría, reconocen su dominio. Los seres celestiales claman: «iAleluya! Salvación, honra, gloria y poder son del Señor Dios nuestro [ . . . ]. Y del trono salió una voz que decía: «Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que los teméis, así pequeños como grandes»» (Apocalipsis 19: l, 5).

Pronto llegará el gran día de la coronación de Cristo como nuestro Rey. Ya está sentado en el trono, pero espera el banquete final, donde estarán sus hijos que redimió con su sangre y su gran sacrificio. Yo espero la mañana del gran día sin igual, del cual dicha eterna emana y deleite perennal. Pronto espero unir mi canto al triunfante y celestial, y cambiar mi amargo llanto por el himno angelical.

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨

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