«Porque no entró Cristo en el santuario hecho por los hombres, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios».
Hebreos 9: 24
El pecado de Adán y Eva causó una tremenda separación entre Dios y el hombre. Y Cristo se ubica entre el ser humano caído y Dios, y le dice: «Todavía puedes llegar al Padre; hay un plan trazado por el cual Dios puede ser reconciliado con el ser, humano, y este con Dios; a través de un Mediador puedes acercarte a Dios»: Y ahora está él para mediar por nosotros. Él es el gran Sumo Sacerdote que intercede por nosotros; y nosotros debemos venir y presentar nuestro caso al Padre por medio de Jesucristo. Así podemos tener acceso a Dios.—Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 523.
Se representa a Cristo Jesús continuamente de pie junto al altar, en el momento de ofrecer el sacrificio por los pecados del mundo. Es sacerdote del verdadero tabernáculo que Dios levantó y no el ser humano. Las sombras típicas del tabernáculo judío no tienen más virtud alguna. No se debe efectuar más la típica expiación diaria y anual, pero el sacrificio expiatorio por medio de un Mediador es esencial debido a la constante comisión de pecados. Jesús oficia en presencia de Dios, ofreciendo su sangre derramada, como si fuera un cordero inmolado.
Los servicios religiosos, las oraciones, la alabanza, la confesión penitente del pecado ascienden desde los verdaderos creyentes como incienso al santuario celestial; pero al pasar a través de los corruptos canales de la humanidad, se contaminan de tal modo que a menos que sean purificados por sangre, jamás podrán ser de valor para Dios. Todo el incienso de los tabernáculos terrenales debe ser humedecido con las gotas purificadoras de la sangre de Cristo. Sostiene ante el Padre el incensario de sus propios méritos en el cual no hay la menor traza de corrupción terrena. Reúne en este incensario las oraciones, la alabanza y las confesiones de su pueblo, y une a ellos su propia justicia inmaculada. Entonces, con el perfume de los méritos de la propiciación de Cristo, el incienso asciende a Dios plenamente aceptable.
Ojalá todos pudieran comprender que todo lo que hay en la obediencia, la contrición, la alabanza y el agradecimiento, debe ser colocado sobre el resplandeciente fuego de la justicia de Cristo.— Comentario bíblico adventista, t: 6, p. 1077.
EL PACTO DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
