«Porque eres tibio, ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». Apocalipsis 3:16
Bien o mal. Vida o muerte. Verdad o mentira. Casa sobre la roca o casa sobre la arena. Si analizas bien, notarás que la Biblia presenta, de principio a fin, solo dos caminos.
Sin embargo, hay algo que escapa a la regla: Laodicea, que en Apocalipsis representa la última fase de la iglesia cristiana antes de la venida de Jesús. Esta iglesia se encuentra en una «zona neutra». No es ni caliente, ni fría, sino que está «caminando en el muro», descansando en las aguas tibias de la indiferencia. Esta crisis de identidad causa náuseas en el mismo Dios. Mientras Laodicea se autodenomina como rica y próspera, los rayos X del cielo la identifican como infeliz, miserable, pobre, ciega y desnuda (Apoc. 3:17).
Existen personas que no saben quiénes son. La psicología define este trastorno como trastorno de personalidad. Uno de los casos más famosos de este tipo de trastorno es el de la estadounidense Truddy Chase, quien albergaba en su mente unas 92 personalidades, que iban desde una niña de seis años hasta un poeta irlandés de mil años. Según el psiquiatra de la joven, toda esta confusión fue causada por los abusos sufridos en su infancia.
Laodicea cree ser buena, pero es miserable. Recordemos que la ciudad era próspera y poseía gran cantidad de oro y telas caras. Además, allí había acueductos que transportaban aguas termales. Durante el gran terremoto del año 60 d.C., la ciudad fue devastada, pero sus habitantes se negaron a recibir ayuda del gobierno y reconstruyeron la ciudad por sí mismos.
Al igual que la ciudad de Laodicea, muchos que esperan el regreso de Cristo también se apoyan en la arrogancia y la autosuficiencia. No logran ver sus propios errores. La palabra griega traducida como «miserable» en Apocalipsis 3:17 solo aparece una vez más en la Biblia, en Romanos 7:24, donde Pablo se desgarró y dijo: «¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?» Pablo reconocía su condición; Laodicea no.
¿Y tú? ¿Reconoces tus defectos? ¿Entiendes que necesitas a Cristo para reconstruir tu vida? Él está ahora a la puerta de tu corazón (Apoc. 3:20). Si abres, pondrá el colirio de la verdad en tus ojos y revelará quién eres realmente.
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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