«Entonces Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera'» (Juan 11:25).
Tengo 71 años, tuve el privilegio de nacer en un hogar cristiano y agradezco a Dios por haber permanecido firme. Mi lucha por la vida comenzó la Navidad de 1999, cuando tuve una caída muy fea. Unos días después, comencé a sentir dolor en el pecho, dificultades para respirar y sabor a sangre en la boca. Fui al médico y, luego de varios estudios, descubrieron a través de una tomografía que, en la caída, mi pulmón izquierdo se había lastimado. Luego reventó, y las células estaban muriendo. Inmediatamente, me llevaron al quirófano para una cirugía de alto riesgo.
Ya pasaron doce años desde que volví a nacer durante esa cirugía. Por un error médico, una aguja de desvió y me perforó el corazón. Mis latidos disminuyeron hasta que se detuvieron por completo. Aunque estaba anestesiada, escuché a los médicos diciendo que mi presión y mis signos vitales estaban cayendo y que estaba muy cerca de la muerte. En ese momento, pensé en la tercera estrofa de un viejo himno, que dice: «Y cuando al fin llegue mi hora, en la cual enfrentaré a la muerte, no temeré porque Cristo está vivo; viviré ya que él me dará una nueva vidal Y entonces no supe nada más. Mi corazón no latió por 2 minutos y 27 segundos. Pero, por el poder de Dios, a quien amo y sirvo con todo mi corazón, y gracias a los recursos de resucitación, mi corazón volvió a latir. Sin embargo, ya había tenido una hemorragia interna y debieron romper el pericardio para sacar la sangre que estaba cubriendo mi corazón. No obstante, nuestro Dios me sostuvo. Estuve entubada y en coma seis días, respirando solo gracias a las máquinas. Entonces, Dios me despertó.
Él todavía tenía un plan. Yo tenía que vivir para continuar cuidando a mis nietos y mi bisnieta, a mi yerno y a mi nuera. Después de casi tres meses de tratamientos intensivos, estaba curada gracias a Dios. Creo en los milagros, porque soy una hija de Dios que estuvo muerta y volvió a la vida.
Mi querida hermana, si estás pasando por el valle de sombra de muerte o estás enfrentando algún problema que parece no tener salida, no te desanimes. Nuestro Dios es el Dios de lo imposible; y él es el mismo ayer, hoy y siempre.
MARIA VICENCIA SALVIANO PEREIRA
vive en Brasil.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida”
