«No le den oportunidad al diablo».
Efesios 4: 27, DHH
Lo que enciende la enemistad de Satanás contra la raza humana, es que ella, por intermedio de Cristo, es objeto del amor y de la misericordia de Dios. Lo que él quiere entonces es oponerse al plan divino de la redención del hombre, deshonrar a Dios mutilando y profanando sus obras, causar dolor en el cielo y llenar la tierra de miseria y desolación. Y luego señala todos estos males como resultado de la obra de Dios al crear al ser humano.
La gracia que Cristo derrama en el alma es la que crea en el hombre enemistad contra Satanás. Sin esta gracia transformadora y este poder renovador, el ser humano seguiría siendo esclavo de Satanás, siempre listo para ejecutar sus órdenes. Pero el nuevo principio introducido en el alma crea un conflicto allí donde hasta entonces reinó la paz. El poder que Cristo comunica habilita al hombre para resistir al tirano y usurpador. Cualquiera que aborrezca el pecado en vez de amarlo, que resista y venza las pasiones que hayan reinado en su corazón, prueba que en él obra un principio que viene enteramente de lo alto. _El conflicto de los siglos, cap. 31, p. 560.
Como león rugiente, Satanás está buscando su presa. Prueba sus astucias con cada joven desprevenido; hay seguridad solo en Cristo. Es solamente a través de su gracia que puede repelerse con éxito a Satanás. Él les dice a los jóvenes que todavía hay tiempo suficiente, que pueden ceder ante el pecado y el vicio por esta vez y nunca más; pero el ceder una sola vez envenenará todas sus vidas. No nos aventuremos ni una vez en tierra prohibida. En esta peligrosa era del mal, cuando todos se sienten atraídos por los vicios y la corrupción, que pueda elevarse al cielo el sincero y sentido clamor de los jóvenes: «¿Con qué limpiará el joven su camino?». Y que puedan sus oídos estar alerta y su corazón dispuesto a obedecer la instrucción contenida en la respuesta: «Con guardar tu palabra». La única salvaguardia para el joven en esta era de contaminación es confiar en Dios. Sin la ayuda divina, los jóvenes serán incapaces de controlar las bajas pasiones y los apetitos humanos. En Cristo se encuentra la ayuda necesaria, pero cuán pocos han de llegarse a él por esa ayuda. Jesús cuando estuvo en la tierra dijo: «No quieren venir a mí para que tengan vida». En Cristo todos pueden vencer. Podemos decir con el apóstol: «Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Rom. 8:37). Insiste: «Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre» (1 Cor. 9: 27).— Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 365.
EL PROPOSITO DE GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
