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No tendrás temor de pavor repentino […] porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de quedar preso. Proverbios 3:25,26.
Las sandalias que habían hecho ruido en el piso del palacio del Rey tres años y medio antes, ahora chapoteaban a través de las mismas aguas por las que tan fervientemente había orado. Elías corrió delante del carro de Acab hasta la puerta de Jezreel. Allí, el hombre de Dios, empapado por la lluvia, permaneció afuera del muro. Envolviéndose en su mano, se acurrucó para soportar la tormenta.
Acab corrió al refugio de su plació para secarse, y contar a la reina Jezabel sobre los eventos emocionantes del día. Cuando Acab más le contaba, tanto más ella se enojaba, hasta que su cara estaba tan oscura como el cielo tormentoso de afuera. Cuando Acab le contó que Elías había ordenado dar muerte a todos sus profetas y sacerdotes, gritó un mensaje de amenaza a un siervo, para que lo entregara al hombre de Dios.
“Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a esta horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos” (1Reyes 19:2)
El siervo de Jezabel salió inmediatamente corriendo hacia afuera. Tocando el hombre de Elías, le entregó aquel mensaje que helaba la sangre. Elías había esperado una gran reforma. Pensó que tal demostración poderosa del Cielo causaría el reconocimiento del verdadero Dios, incluso en la reina. En lugar de ello, ¡quería que estuviera muerto en la mañana! Confundido y temeroso, Elías se paró de un salto y comenzó a correr.
Sin detenerse el tiempo suficiente como para recordar el modo en que dios lo había conducido en el pasado reciente, corrió y corrió. No sabemos cuánto tiempo le llevó recorrer 153 km hasta Beerseba, en el sur. Pero sabemos que siguió un día de camino después de esto, y finalmente se dejó caer bajo un enebro, totalmente exhausto. ¡Elías estaba tan desanimado que quería morir!
Afortunadamente. Dios entiende nuestros sentimientos cuando estamos desanimados. Sabe que el camino más rápido para salir de nuestros problemas es mantenernos en oración, crecer en él y trabajar por él.
Si Elías se hubiera mantenido firme ante Jezreel, la malvada reina habría encontrado su muerte por mano del Dios que había enviado el fuego en el Monte Carmelo. Una gran reforma habría seguido a esto. Ahora, el Señor tendría que esperar a que su siervo enderezara su forma de pensar. Sin embargo, Dios no tuvo problemas con eso; nos ama desesperadamente y es increíblemente paciente con nosotros.
Y mientras espera, nos enseña a confiar más en él.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Menores 2016
“Genial, Dios Tiene un Plan para Ti”
Por: Jan S. Doward
